domingo, 22 de marzo de 2020

“El Súper Martes”

Mientras veía el último debate demócrata antes de las primarias del “Súper Martes”, no pude evitar preguntarme por qué la tragedia humanitaria de Venezuela ni siquiera apareció en la discusión. Los precandidatos presidenciales hablaron sobre Israel, Siria, Corea del Norte e incluso sobre la educación en Cuba, pero ni siquiera mencionaron una de las mayores crisis del mundo, que está ocurriendo en su propio vecindario.

Claro que gran parte de la culpa es de los moderadores del debate de la cadena CBS del 25 de febrero, quienes —vergonzosamente— no hicieron ninguna pregunta sobre Venezuela. Y también puede ser que se deba a que el presidente Donald Trump, a pesar de ocasionales eventos de relaciones públicas dirigidos a los votantes cubanoamericanos y venezolanoamericanos de Florida, no ha colocado a Venezuela entre las principales prioridades de la política exterior de Estados Unidos.

Pero el hecho es que los aspirantes presidenciales están ignorando una crisis humanitaria que ha obligado a casi 5 millones de venezolanos a huir de su país en los últimos cinco años, y que ha dejado a 9.3 millones de venezolanos sufriendo hambre o inseguridad alimentaria, según las Naciones Unidas.

Lo que es peor, se han documentado al menos 6,800 muertes sospechosas de opositores en manos de la dictadura del presidente Nicolás Maduro, muchas de ellas ejecuciones extrajudiciales, tan solo desde principios de 2018, según la oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Eso es comparable a las ejecuciones políticas en el apogeo de las dictaduras militares de derecha de Argentina, Chile o Brasil de los años 70.

Pero no son solo los aspirantes presidenciales estadounidenses los que están ignorando la tragedia de Venezuela. Hay quienes están haciendo cosas aun peores.

El 24 de febrero, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas con sede en Ginebra —un órgano separado de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU—, incorporó oficialmente a Venezuela como uno de sus 47 miembros. Sí, leyeron bien, Venezuela se convirtió en miembro de pleno derecho del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

El 18 de febrero, el grupo no gubernamental UN Watch lanzo una petición en el portal de internet Change.org para expulsar a Venezuela del Consejo, que ha recogido 129,000 firmas al momento de escribirse estas líneas. ¡Ojala junte millones de firmas!

Aunque es una batalla diplomática cuesta arriba, técnicamente Venezuela podría ser expulsada del Consejo. Hay precedentes: el Consejo expulsó a Libia durante la dictadura de Muammar Al-Gadafi en 2011, después de una violenta represión contra manifestantes antigubernamentales en el país norafricano.

En algunos casos, la crisis de Venezuela no es solo ignorada, sino incluso trivializada.

El nuevo embajador de Argentina ante la Organización de Estados Americanos, Carlos Raimundi, dijo recientemente que su país tratará las protestas sociales en Venezuela “con el mismo interés” con que tratará las manifestaciones antigubernamentales de Chile. O sea, increiblemente, equiparó la situación de Venezuela con la de Chile.

Lo que dijo el diplomático argentino, que representa a un gobierno que se dice defensor de los derechos humanos, difícilmente podría ser más ridículo.

Chile tiene un presidente elegido democráticamente que, a diferencia de Maduro, no ha sido desconocido por más de 50 países por haberse robado una elección. Chile también tiene un Congreso en pleno funcionamiento y medios de prensa independientes. Venezuela no tiene nada de eso.

Además, Chile no tiene casi 5 millones de exiliados y refugiados. Y las decenas de muertes en las protestas antigubernamentales de Chile en los últimos meses no se acercan ni por asomo a las miles que se han documentado en las manifestaciones contra Maduro en Venezuela.

Y, sin embargo, los nuevos gobiernos de Argentina y México se han acercado recientemente al régimen de Maduro, reconociéndolo como un presidente legítimo.

¡Qué vergüenza! Los crímenes contra la humanidad del régimen de Venezuela deberían ser un tema prioritario para todas las democracias. Caso contrario, morirán miles de venezolanos más, y millones más se verán obligados a huir de Venezuela, creando una crisis migratoria aún mayor en las América

Los males del populismo

Los males del populismo están esparcidos por todos los continentes. Ya no se puede localizar su epicentro en países latinoamericanos, donde décadas atrás, las espadas militaristas se imponían, dando paso en algunos casos, a los caudillos que propugnaban esa perversa manera de entronizarse en el poder.

Si algo ha quedado reconfirmado en esta nueva gira internacional de Juan Guaidó, es que Venezuela es víctima de esa anacrónica receta que encubren con los empaques de "revoluciones o procesos inspirados en el socialismo". Son una secta entrenada para las más descaradas simulaciones. Expertos en aparentar ser respetuosos de las reglas del juego, de las que se valen sinuosamente para alcanzar el poder, ya no por las vías de las fracasadas guerrillas alentadas por Fidel Castro, como lo intentó hacer en los comienzos de los años 60 en mi país, sino que esos métodos fueron dejados de lado, para ensayar el mecanismo de la participación electoral, cabalgando en los lomos de la democracia que les abre sus cauces desde donde navegan hasta llegar a puerto seguro.

Luego estos populistas disfrazados de salvadores, con mucha precisión arponean esa misma democracia, hiriéndola de muerte y así comenzar a darse la Constitución que mas les convenga, al mismo tiempo que redactan y promulgan, irregularmente, una hilera de leyes acomodadas a sus ideas deleznables para apoderarse de las instituciones de un Estado que debilitan, dejándolo sin base jurídica, sin separación de poderes, pero sí, con un aparataje manipulado por los jerarcas comprometidos con la dictadura, que comenzará a establecerse para que el caudillo, suerte de falso mesías, sea la deidad de un pueblo al que le cantarán estribillos edulcorados que le resultaran atractivos al principio, pero luego de unos años, experimentarán las amarguras que arrastra en sus entrañas, semejante esperpento populista.

Al momento que escribo estas líneas, Juan Guaidó finaliza un exitoso recorrido por Europa y América, dejando claramente caracterizado el régimen encabezado por el dictador Maduro. Es una “Corporación Criminal”, ha sostenido Juan Guaidó, fincado en argumentos sólidos. No sólo pedimos apoyo para superar esta desgracia incubada en ese maléfico proyecto populista, sino que presentamos nuestro patético caso como un espejo en que deben mirarse los líderes políticos y los pueblos de las naciones visitadas por Guaidó.

Que tengan clara la advertencia esos países, incluso aquellos que disfrutan de democracias estables que han generado progreso para sus ciudadanos, porque "el diablo anda suelto" y se aprovecha de las debilidades de los gobiernos de turno, fomentando diferencias que dejan heridas para luego beber del desangramiento de instituciones nobles que socavan para treparse sobre las ruinas de la democracia.

martes, 29 de enero de 2019

El Pasado Chavista-Madurista y el Futuro con Guaido.

Maduro no es Maduro. Es Cuba. Lo puso Cuba en el cargo que ahora usurpa. Lo maneja Cuba a su antojo, como su títere. Es el monigote de Cuba. El no piensa, sino ejecuta las órdenes que recibe de Cuba. Su jefe es Raúl, heredero de su hermano Fidel.

Los anillos de seguridad de Maduro son cubanos. Tienen el encargo de cuidarlo de los venezolanos, porque los cubanos saben que los venezolanos no lo quieren. Pero los cubanos puestos para cuidarlo también tienen órdenes de ejecutarlo si traiciona a los cubanos desobedeciéndolos.

Así Maduro no puede rendirse sin permiso de los cubanos. No puede escapar tomando un avión sin permiso de los cubanos. Apenas haga un movimiento sospechoso para los cubanos, los anillos de seguridad procederán por instrucciones de La Habana.

Los que conozcan la historia de los cubanos de Castro saben que Maduro está bajo su vigilancia más estrecha. Su caso es semejante al que le vende su alma al diablo. No tiene escapatoria. Y Maduro le vendió su alma a Satanás, que es la Cuba de los Castro. Y Satanás dispondrá de él si lo traiciona desobedeciéndolo.

Entendamos entonces que estamos luchando contra Satanás (Cuba), siendo Maduro apenas su títere. Y acabar con la tiranía de Maduro será vencer a Satanás (Cuba) echándolo de Venezuela.

Repudiado por buena parte de los venezolanos, señalado como un dictador por un amplio número de Gobiernos y probadamente incapaz de sacar a su país del atolladero económico, el sucesor de Hugo Chávez hace caso omiso a todas las señales. Maduro se atornilla al poder más para salvar a una cúpula que para buscar el beneficio de más de 30 millones de personas.
Cree que si permanece en la silla presidencial los venezolanos terminarán por cansarse y ese agotamiento, unido a los golpes represivos, aplacarán las protestas populares que han sacudido el país suramericano en los últimos días. Está jugando la carta de no aceptar que su tiempo pasó y de enseñar los dientes a todo aquel que le hable de quitarse del medio, convocar elecciones o asilarse.

En parte, se agarra a la silla presidencial para evitar el proceso judicial que le aguarda por saquear a una de las naciones más ricas del mundo, por haber empujado a cientos de miles de venezolanos al exilio y ordenado que los cuerpos armados apunten sus armas contra la gente común. Pero al intentar demorar el tribunal de los hombres, Maduro deja al chavismo sin posibilidad alguna de salir airoso del tribunal de la historia.

Cada día que se mantiene en el puesto de mandatario, que usurpó tras unas elecciones plagadas de irregularidades, destroza lo que aún pudiera quedar en el imaginario colectivo del legado de su antecesor. Ni los opositores ni los Gobiernos de derecha de la región han sido tan efectivos como Maduro en desmontar el mito de Hugo Chávez.


No en balde, en la segunda noche de protestas de este enero convulso, en San Félix, estado de Bolívar, los manifestantes prendieron fuego a la estatua de aquel comandante del Batallón de Paracaidistas que se instaló en Miraflores. Esas llamas iban dirigidas a todo el mito chavista que a finales del siglo pasado colocó los primeros barrotes de la jaula que hoy Maduro intenta mantener cerrada.

Al proclamarse presidente interino, el joven político Juan Guaidó no solo ha logrado llevar el tema venezolano al centro de la atención internacional, sino que ha puesto frente al espejo a todos aquellos que apoyaron las excentricidades de aquel militar que cantaba en los discursos y se creía una reencarnación de Simón Bolívar. No pocos de aquellos fervientes seguidores se han apresurado a entonar un tardío mea culpa por estos días.

Nicolás Maduro es hoy el principal enterrador del chavismo, el más efectivo recurso para desmontar todo un sistema que en sus inicios arrancó aplausos de millones de seguidores por todo el planeta.

Sin embargo, junto a ese funeral ideológico, cada jornada en que el gobernante venezolano se mantiene al mando, la tragedia del país se ahonda. Hasta el jueves pasado, la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) cifraba en 26 el total de muertes ocurridas en medio de las protestas contra Maduro. La economía está paralizada y por las fronteras siguen escapando miles de ciudadanos cada día.

La testarudez de un puñado de boliburgueses ha extendido la incertidumbre de hacia dónde se dirige el país y avivado los fantasmas de un baño de sangre. El respaldo que les ha dado la cúpula militar podría acercar ese cruento escenario, porque -como todos los populistas- prefieren arrastrar en su caída al país que una vez dijo representar antes que reconocer que fallaron.

Corresponde a la comunidad internacional garantizar que en ese abismo histórico por el que se está despeñando Nicolás Maduro solo haya espacio para la camarilla que gobierna Venezuela y para el autoritario chavismo que la encumbró.

El futuro no se construye por decreto. Tampoco bastan los buenos pensamientos, útiles para visualizar lo que queremos, pero no para concretarlos. El futuro se construye desde el presente, trabajando día a día sin descanso. Hay que dejar de lado el pasado y no confundir la experiencia adquirida con lo que debemos hacer. Esa experiencia no sirve para mucho en términos concretos, aunque es útil ya que desarrolla sabiamente el olfato y la visión. No es poca cosa sobre todo en tiempos confusos y muy convulsionados como es el caso de la Venezuela actual.

A la Comunidad Internacional, antes y ahora, le cuesta mucho entender la realidad venezolana. También a los compatriotas dentro y fuera del país. Sin embargo todos, los de adentro y los del exterior, aspiran un cambio profundo que permita la institucionalidad del país sobre la base de un régimen político y jurídico sabio y estable en el cual los alcances del ejercicio de la Libertad responsable, de la separación de los poderes y la definición de las funciones del Estado como representante de la Nación y no como su dueño, estén perfectamente determinadas. El pluralismo y los demás elementos característicos de la democracia vienen por añadidura.

Estos son los aspectos fundamentales de cuanto aspiramos y por los cuales trabajamos sin descanso. El triunfo se alcanzará cuando queden de lado las aspiraciones sectarias personales o de grupo, la ideologización abierta o encubierta orientada por un socialismo decadente o por un comunismo a la cubana que nos ha llevado a la tragedia actual. Frente a estos peligros debemos estar alerta, sin concesiones de ninguna naturaleza.

Progresivamente Juan Guaidò, en ejercicio de la Presidencia provisional que ejerce por mandato constitucional, recibe el apoyo de la casi totalidad del mundo entero y la comprensión y respaldo de la Nación como expresión de la inmensa mayoría que rechaza definitivamente la presencia de Maduro a la cabeza del Poder Ejecutivo, Lo está haciendo bien y merece el respaldo activo de todos.

Es mi humilde opinion desde el Exhilio...

Hasta ahora hay un Guardián de la Constitución

Las realidades, como si estuviesen encadenadas, empujan aceleradamente los escenarios en Venezuela. Es imposible predecir desenlaces, salvo afirmar lo que es evidente e instantáneo, lo que está de manifiesto más allá de lo sacramental.

El pueblo venezolano, sumido en una catástrofe económica y de bienestar, de pérdida de futuro, bajo cifras gravosas y las más gravosas del planeta, sin separaciones políticas o ideológicas –lujos para tiempos de normalidad democrática– reclaman un freno a tanto desatino y maldad. Sufre de hambre de libertad, necesitado del cese de la violencia, de rehacer las columnas desbaratadas de la familia, de tener pan para la boca de los hijos.

Quienes, desde afuera, en las pocas poltronas diplomáticas que se niegan a ver lo palmario y subliman intereses geopolíticos, sin medir alianzas tácitas con el crimen trasnacional –drogas y terrorismo– hay escándalo por no mediar una negociación que zanje el entuerto planteado. Obvian la realidad de un Estado criminal, Venezuela, que ayer controlaba Hugo Chávez Frías y ahora su causahabiente, Nicolás Maduro Moros; motivo por el que unas 26.000 personas mueren cada año, por homicidios, y desde hace 2 décadas.

Lo veraz es que no hay república allí donde desfallece la población por inanición, o donde esta muere a manos de grupos paramilitares armados por el propio detentador del poder de facto. Así de simple.

Algunos escribanos europeos al servicio de este resucitan la lógica decimonónica del colonialismo-imperialismo recreada hasta la caída del Muro de Berlín. Practican la dialéctica del cinismo, pues los presos políticos lanzados desde un edificio por los esbirros del régimen al caer no los mancha con la sangre, pues se trata de imágenes virtuales, propicias para escribir novelas y venderlas a las editoriales.

A Maduro, con todo y sus falencias, los gobiernos de América Latina –no la Casa Blanca– le regalan un plazo de gracia. Le advierten que es presidente de Venezuela reconocido hasta las 12:00 de la noche del día 9 de enero, cuando llega a término su discutido mandato. Y que el 10 de enero, como constatan desde entonces, amanecería Venezuela sin presidente electo.

De modo que, desde el amanecer del último 10 de enero, ante ese dato irrebatible y no admitiéndose constitucionalmente el vacío de poder, de pleno derecho, conforme incluso a nuestra tradición histórica, la Constitución confía el Poder Ejecutivo, entre tanto, temporalmente, mientras se realizan las elecciones necesarias del presidente de la República, a quien ejerce como cabeza del órgano parlamentario. La Asamblea Nacional, de suyo, es la sede natural de la soberanía popular.

Pocos medios internacionales, además, faltando a los deberes del oficio, hablan de la “autoproclamación” del diputado Juan Guaidó. Le sirven a Maduro, en bandeja de plata, el argumento del “golpe de Estado” en su contra.

La usurpación constitucional, que causa responsabilidad legal en Venezuela, antes bien, tuvo lugar el 10 de enero, al momento en que Maduro endosa, sin títulos, los símbolos del poder; que no lo hacen gobernante –lo ha dicho el joven presidente interino de Venezuela– así duerma con ellos. Es lo previsto por la Constitución.

Obviamente, durante días previos y hasta el 23 de enero pasado, pocos argumentan que el artículo 233 constitucional, ese que obliga a la cabeza de la Asamblea Nacional a cuidar del Poder Ejecutivo hasta que el país se dé un nuevo presidente electo, no alcanza al supuesto ocurrido. No había muerto o enloquecido el presidente electo, ausente al momento de jurar su mandato, sino que, concretamente, no había presidente electo. Mas, olvidan estos lo que es ortodoxia, que las lagunas jurídicas se colman por vía analógica o extensiva aplicándose al caso la norma que más se le aproxime. ¡El derecho, tanto como el poder, no admiten vacíos!

Guaidó, “proclamado” por la Constitución y no “autoproclamado”, es presa de esta como custodio temporal del gobierno. En el día citado, el 23, no hizo más que anunciar que ejercía su competencia desde el 10 pasado, evitando incurrir así en un pecado constitucional tan grave como la usurpación, a saber, la omisión de los deberes constitucionales.

Su línea de acción, anunciada y reiterada, es clara y precisa: (1) cese de la usurpación de Maduro, y (2) ejercicio de la provisionalidad del poder hasta y para la realización de elecciones democráticas.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Suenan las Campanas...

Suenan las campanas anunciando la navidad, la despedida del viejo año y la bienvenida del año nuevo. Tiempo de pausa, de evaluación de nuestros actos, de compromiso de no cometer los errores en los que hemos incurrido, y edificar en nuestro pensamiento y las acciones que nos tocan, nuestro porvenir inmediato. Ese futuro que sigue no es sólo mío, sino que está asociado a la gente con la que vivo y a la sociedad militar a la que le he dedicado mi vida.

Desafortunadamente, los presagios que embisten a nuestra República no son para nada alentadores. La banda que administra al estado venezolano está ofreciendo nuestro territorio como centro de ensayo de guerra a los complejos militares industriales de mayor poder de fuego en el mundo. Esto es una irresponsabilidad que no se sabe cómo se puede calificar. Es inaudito que estemos cerrando el año con la presencia, hace pocos días, de aeronaves de guerra TU-160 y Antovov.

La guerra en territorio de Irak, mediante la cual se destruyó para siempre buena parte de la cultura que se levantó entre el Tigris y el Éufrates, se desarrolló y culminó en un territorio ajeno a las dos potencias que tienen la tecnología de punta en el arte de la guerra. Ninguno de los ejércitos que poseen tal desarrollo armamentístico, se atrevía a probar sus armas en el propio territorio en el cual se fabricaban, pero no hubo dudas de la realización de ensayos en el Golfo Pérsico-Arábigo o lo que se llamó, la guerra caliente de Irak.

Por estos días, y desde hace un buen tiempo, se sucede una situación parecida en Siria. Este país está convertido en el laboratorio, por excelencia, para experimentar el armamento de aire, mar y tierra de los países más desarrollados en materia misilística y aún, por corroborar, en la industria química de destrucción. Las pérdidas de vidas y el número de heridos se cuentan por miles. Además, esto ha traído por derivación, que allí se produzca el fenómeno migratorio de mayor importancia en el planeta.

A los venezolanos nos toca parar estas políticas desquiciadas de la banda de orates que nos gobiernan. Causa indignación y tristeza que la negligencia ostensible y la inobservancia manifiesta de las normas internacionales que orientan estos delicados asuntos, nos lleven a ofrecer nuestro territorio como espacio de verificación de armamento nuclear. Las consecuencias que viviría nuestra población sería devastadora.


Se subleva aún más nuestro espíritu, cuando las circunstancias que rodean estos hechos, encuentran a unas tropas desmoralizadas, con un número importante de presos sin justificación, a quienes no se les sigue juicio, y tienen condena predeterminada. A muchos de ellos se les ha dispensado un trato inhumano, cruel y degradante, y hasta tortura. Otros están seguidos y perseguidos pero todavía en territorio venezolano, sin embargo, hay una porción importante que está fuera del país viviendo las penurias del exilio.

Por estas horas, y aun bajo estas circunstancias adversas, la fuerza armada vive el regocijo de la navidad. Esperamos al Niño Dios y sus anuncios de nuevos y buenos días. Cantamos aguinaldos, gaitas y parrandas que expresan nuestro júbilo por un porvenir que nos depare la paz en nuestros corazones, la prosperidad de nuestro pueblo, y la felicidad de nuestra sociedad envuelta en la pascua del nacimiento. A pesar de todo, los presos, exiliados, y familias de los caídos, anidan la navidad.

Un sentido abrazo en la distancia, Feliz Navidad.

jueves, 6 de diciembre de 2018

El madurismo traicionó y asesinó al chavismo

Hoy 6 de diciembre de 2018 se cumplen 20 años en que Hugo Chávez llegó a la presidencia de la República en elecciones libres, y enterró políticamente al status quo de la época, es decir, Acción Democrática (AD) y el Comité Político Electoral Independiente (Copei), sin obviar, que el elegido mandatario nacional en esa fecha fue objeto de un sobreseimiento por parte de Rafael Caldera en 1994, dos años después de haber comandado un intento de golpe de Estado contra el entonces presidente, Carlos Andrés Pérez, aquella madrugada del 4 de Febrero de 1992.

Desde que Hugo Chávez llegó al poder, más allá de las críticas que pudiesen generarse sobre su modo de gobernar, la verdad es que el nivel de vida de los venezolanos mejoró de manera trascendente en sus distintos niveles sociales, y aunque los detractores de sus políticas de gobierno, intenten achacarle que fue durante sus períodos en Miraflores que se originaron parte de los problemas que azotan a la República, bastaría revisar las propias cifras de los organismos internacionales para comprobar que la realidad fue positiva durante esos años.

Desgraciadamente, la muerte de Hugo Chávez que para muchos fue objeto de un fallecimiento inducido, desembocó en la mayor de las tragedias para Venezuela. En efecto, la posterior llegada de Nicolás Maduro al poder como su sucesor, originó la traición y el asesinato del chavismo. De hecho, bastó un sexenio para ver el cómo lo que había logrado el líder de la revolución bolivariana en beneficio del pueblo del Libertador, todo, absolutamente todo ha sido destruido por el madurismo.

Trascurridas dos décadas en que Hugo Chávez junto con el pueblo lograron derrotar a las mafias políticas del bipartidismo, la realidad para los venezolanos está cada día peor. Cuando Hugo Chávez llegó al poder, la inflación estaba en promedio del 30%, hoy la hiperinflación bordea cifras millonarias, o sea, superiores al 1.000.000%. La pobreza estaba alrededor del 50% y disminuyó con Chávez hasta colocarse en cifras cercanas al 20% del país, en la actualidad el 80% de la población está en condiciones miserables, al punto que el salario mínimo ni siquiera alcanza los 10 dólares mensuales, y apenas si permite comprar un kilo de carne, uno de azúcar y un cartón de huevos.

Mientras en el chavismo, los venezolanos presentaban altas tasas de viajes al exterior en turismo internacional, con el madurismo cifras conservadoras sitúan en no menos de tres millones de venezolanos que han abandonado el país por razones de destrucción política y económica. Con Chávez los niveles de educación y salud alcanzaron niveles envidiables de desarrollo, el madurismo ha condenado al país con altas tasas de deserción estudiantil y docente, mientras que nuestros niños mueren en los hospitales por falta de medicamentos.

Durante el gobierno de Chávez se rompieron los registros en la compra de vehículos nuevos e inmuebles, lo cual beneficiaba de manera directa a la clase media, hoy con Maduro, no solamente lo que queda de clase "media" emigra a diario en cantidades importantes de la población, sino que esa misma clase social prácticamente ha desaparecido desde 2013.

La espantosa corrupción que no podemos negar se originó con Hugo Chávez dejando una oscura mancha en su gobierno, ha sido con el madurismo que ésta se ha exacerbado, al punto que la cúpula del partido oficialista vive en lujosas mansiones, se desplazan en camionetas último modelo, sus hijos estudian en el exterior, y ninguno de ellos, o sea, quienes controlan el poder nos muestra públicamente sus cuentas bancarias porque en definitiva se han concentrado en saquear las arcas públicas, a costa del hambre de los más desposeídos.

Cuando Hugo Chávez llegó al poder, y el barril de petróleo se encontraba en 7 dólares, los venezolanos tenían ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas. 20 años después con Maduro en el poder, y el barril de petróleo sobre 50 dólares por barril, éste sólo funciona para que los integrantes de la cúpula madurista se conviertan en magnates económicos, aplicando el terror político sobre el pueblo.

Hace 20 años nació un proyecto de Constitución que fue apoyado por el 72% de la población en legítimo referendo. 20 años después los asesores y defensores del madurismo son hasta "juristas", "constituyentes" y "articulistas" que juraban sacar a Chávez a patadas, o muerto de Miraflores, y sólo buscan derogar la Constitución de 1999 para perpetuarse en el poder, mientras ríen de ver al pueblo en la pobreza y miseria más espantosa, cuando vemos que hasta un ministro del "trabajo" se ufana públicamente que el salario mínimo sólo alcance para comprar "medio kilo de queso".

Hace 20 años el chavismo fue una esperanza para Venezuela y los pueblos de América Latina. 20 años después, el madurismo representa la bazofia política más putrefacta y degradante de la historia de Venezuela, y la vergüenza más grande que pueda tener la llamada izquierda en la propia región latinoamericana. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

martes, 24 de julio de 2018

Es tiempo de Cambio

Los que nacimos en democracia nunca pensamos que Venezuela podría pasar de ser del país más estable, respetuoso de los derechos humanos y rico de Latinoamérica, a la acera opuesta. Hace más de 25 años cuando leímos el libro publicado por el IESA “Venezuela una ilusión de armonía” nos preocupamos, pero jamás llegamos a pensar que podríamos vivir unos tiempos como los actuales. Ni siquiera los autores del texto.

Fuimos ejemplo de país democrático. En la vanguardia de nuestro continente, cada 5 años el pueblo eligió a sus presidentes y representantes de manera alternativa, etapa que duró cuarenta años.

Llegamos a ser el suministrador más confiable de petróleo a EEUU; además de estar geográficamente en su área natural de influencia. Tuvimos una moneda de las más fuertes del globo y una inflación siempre manejable. Cuando veíamos la montaña rusa en la que vivían otras economías del hemisferio nos sentíamos unos grandes privilegiados.

Importamos mucho de lo que consumimos, viajamos por el mundo y la frase folclórica del “está barato dame dos” se quedó corta, por lo extendido del boom petrolero del gobierno de Chávez.

Dramático es vernos hoy arruinados. Agobiados por una crisis de servicios de dimensiones descomunales, hiperinflación de pronóstico reservado, hambre, corrupción brutal y destrucción moral sin precedentes. Aislados de una buena parte del mundo y en medio de una situación de pugna con nuestros vecinos. El éxodo de venezolanos al exterior es alarmante.

Muy pocos se dieron cuenta de la pesadilla que se nos venía. Y sucumbimos al ser gobernados por una camarilla trasnochada, pretoriana y primitiva. Que nos ha devuelto a lo más oscuro del siglo XIX. Aquí acabaron con la economía y con la posibilidad de alternancia y salida electoral.

Para colmo no tenemos una oposición acuerpada. Hay que crear una opción que enfrente al gobierno y se gane la opinión pública. Que provoque la división dentro de lo que queda de las instituciones y una transición.

Es tiempo de un gobierno nuevo ante la debacle en que vivimos. De unión y salvación nacional. Es la tarea urgente que tenemos por delante. Venezuela nos necesita. Hay que insistir en apoyar todo aquello que conduzca al cambio.


Bolívar: ¿Traidor a la patria por pedir ayuda extranjera?

Un poco de historia para quienes no lo saben, les invito a leer:

Una tumba, en el cementerio del barrio Guiri Guire de Juan Griego, en la isla de Margarita, mantiene desde hace 199 años los restos mortales de un personaje que, desde el más allá, debe estar revolcándose de la risa cada vez que escucha a Diosdado Cabello o a cualquier otro dirigente del chavismo/madurismo, hablando de invasión extranjera y traición a la patria.

El personaje enterrado en tierras de Nueva Esparta, se llamaba James Towers English, hijo de un rico mercante irlandés, quien nació el 22 de febrero de 1782 en Dublín y fue uno de los casi 6 mil soldados extranjeros que entre 1817 y 1822 se enrolaron en el ejército de Simón Bolívar para contribuir con la liberación de cinco naciones de américa del sur que estaban en manos del imperio español. English era un teniente de caballería que al llegar a Venezuela fue nombrado capitán del primer regimiento de Húsares.

English llegó a tierras venezolanas en diciembre de 1817. Peleó con distinción en la batalla de Ortíz, el 26 de marzo de 1818. Fue ascendido a coronel y nombrado segundo al mando de la guardia de honor Británica. Su jefe era nada más y nada menos que uno de los grandes próceres de nuestra historia: el general Rafael Urdaneta. Su labor fue tan meritoria, que Bolívar ordenó que lo ascendieran a General de Brigada.

El chavismo/madurismo jamás hablará del coronel English. Tampoco le llevará flores a su tumba y mucho menos le rendirá honores. Si lo hicieran, tendrían que meterse la lengua donde no les llega el sol, porque al hacerlo, reconocerían que la independencia de Venezuela y otras cuatro naciones suramericanas, fue posible no solamente al genio militar de Bolívar, sino también, a la ayuda de 5.898 soldados ingleses, irlandeses, norteamericanos y alemanes que pelearon y dieron su vida en Carabobo, Boyacá, Ayacucho y muchas otras tantas batallas para que esta nación pudiera declararse libre y soberana.

Hace unas pocas semanas atrás, el presidente de la ilegal y fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, anunció que esa instancia se encuentra estudiando la posibilidad de aprobar una Ley para castigar a quienes llamó “traidores a la Patria”. Según Cabello, quienes sean declarados como tal, “serán tratados como enemigos del pueblo, ya que sus acciones solo buscan desestabilizar al país”.

Cabello hizo una advertencia a todos los venezolanos que han solicitado ayuda extranjera para resolver la grave crisis de Venezuela: “Señores vende patria ruéguenle a Dios o a quien ustedes quieran que nunca nadie intente invadir esta tierra, porque los vende patria, los traidores a la patria serán tratados como enemigos del pueblo”.

El presidente de la ANC dijo que todos conocen quienes han sido las personas que tomaron la decisión de “traicionar a la patria”. En su opinión, los traidores a la patria son quienes han salido en búsqueda de una intervención extranjera y amenazó con que no se tendrá “piedad” con ellos. Es importante señalar aquí que, oficialmente, ninguna organización política ha solicitado, al menos no abiertamente, una “invasión militar extranjera” a Venezuela. Lo que sí se ha planteado, y lo ha hecho mucha gente, es una intervención humanitaria, la cual consiste, en la apertura de un canal para que puedan ingresar al país alimentos y medicinas para los enfermos.

Pero tal parece que para algunos dirigentes oficialistas, intervención humanitaria e intervención militar son la misma cosa. La dictadura está tan nerviosa que confunde ayuda humanitaria con invasión militar. Desde esa óptica, todo el que solicite la apertura de un canal humanitario podría ser considerado un traidor a la patria.

Por eso es muy importante aclarar a Diosdado Cabello, o a cualquier otro dirigente del chavismo/madurismo, que solicitar ayuda a la comunidad internacional para lograr la libertad de Venezuela no es traición a la patria. Si fuera así, el primer gran traidor sería nuestro libertador Simón Bolívar, quien como es bien sabido, viajó a Londres, Inglaterra, el 30 de junio de 1810, junto con Luis López Méndez y Andrés Bello, a buscar armas, barcos y soldados para poder llevar a cabo la lucha por la independencia de cinco naciones suramericanas que estaban sometidas por el reino de España.

Esa es la parte de la historia de Venezuela que no le agrada mucho a los chavistas/maduristas: Bolívar, el libertador, el hombre en cuyo nombre se bautizó la revolución socialista que se instauró en este país desde 1999, y cuyo pensamiento sirve como arma de propaganda al gobierno revolucionario que comenzó Hugo Chávez y que continuó Nicolás Maduro, necesitó la ayuda de soldados ingleses, irlandeses, norteamericanos y alemanes para poder ganar las batallas que permitieron conquistar nuestra independencia y libertad.

¿A quién se le ocurriría en este momento decir que Bolívar fue un traidor a la patria por buscar ayuda extranjera para liberar a su pueblo entre 1817 y 1822? Y si la conclusión es que Bolívar no fue un traidor a la patria, ¿Por qué razón han de ser traidores a la patria quienes en 2018 buscan ansiosamente la misma ayuda internacional?

Con toda seguridad, hay muchos revolucionaros y socialistas que no saben que entre 1817 y 1822 operó en Venezuela lo que se conoció como la Legión Británica, un grupo de voluntarios extranjeros, que formaron unidades militares para luchar bajo el mando del general Simón Bolívar en la guerra de independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.

La legión británica estaba integrada por centenares de soldados y oficiales voluntarios de Inglaterra, Escocia e Irlanda, los cuales se unieron a las fuerzas patriotas y contribuyeron enormemente a la causa republicana. La mayoría de los hombres que vinieron a luchar a estas tierras lo hicieron porque estaban desempleados y con problemas económicos en su respectivos países. Aquí les ofrecieron muy buena paga y reconocimiento a sus méritos militares y no lo pensaron dos veces.

Bolívar buscó en Europa oficiales con experiencia en el adiestramiento de tropas y en el campo de batalla para el objetivo que se buscaba: ganar la guerra. Fue así como entre 1817 y 1822, desde los puertos de Inglaterra partieron alrededor de seis mil hombres en aproximadamente 53 naves, en expediciones destinadas a brindar apoyo a la causa independentista de suramérica. Del enorme contingente de viajeros, unos cinco mil trescientos eran soldados veteranos del Reino Unido, Irlanda, y alemanes al servicio de Inglaterra.

El responsable del reclutamiento de los voluntarios en Londres fue el venezolano Luis López Méndez, exiliado en Inglaterra, quien fue el encargado de atraer militares voluntarios utilizando toda clase de mecanismos propagandísticos y diplomáticos. Ofreció remuneraciones económicas, grados militares suplementarios y tierras fértiles para quien quisiera enrolarse en tan lejana aventura. López Méndez y Andrés Bello permanecieron en Londres gestionando todo tipo de apoyo institucional además del suministro de insumos y material de guerra para la independencia de Venezuela y la Nueva Granada.

López Méndez contrató a mercenarios europeos en su mayoría británicos y alemanes veteranos de las guerras napoleónicas. Su labor fue tan importante, que Bolívar lo llamó: “el verdadero libertador de Colombia”. López llevó a cabo su misión en medio de grandes dificultades. El Estado naciente de Venezuela no le daba apoyo económico ni información necesaria para llevar a cabo su trabajo, y por si eso fuera poco, el gobierno británico no lo terminaba de reconocer como embajador por su alianza con España. Incluso tuvo que padecer prisión por las deudas que adquirió.

Las llamadas Legiones Británicas formaron una parte importante del ejército de Bolívar, quien las acreditó en la batalla de Boyacá, proclamando que “esos soldados liberadores son los hombres que merecen estos laureles”, y en la batalla de Carabobo donde los describió como “los Salvadores de mi Nación”. En Angostura, Simón Bolívar incluyó a la Legión Británica en la fuerza que debía acompañarlo durante la campaña libertadora de Nueva Granada.

De acuerdo con las cifras suministradas por el coronel Guillermo Plazas Olarte, a las costas venezolanas llegaron en seis expediciones extranjeras, entre 1817 y 1819, un total de 5.808 soldados.

En 1819, el coronel James English, muerto y enterrado en la isla de Margarita, reclutó en Inglaterra 1.200 soldados que se encontraban a medio sueldo y que habían pertenecido al ejército de ocupación en Bélgica y Francia. El coronel Strenowitz, junto con López Méndez, reclutaron en Bruselas a un grupo de 300 hombres que llegaron a las Guyanas. El general John Dévereux, comisionado por Bolívar, llegó con seis buques cargados con 1.729 soldados desde Liverpool y Dublín.

El Coronel Gustavus Hippisley llegó en un barco con 720 soldados; el coronel Elson llegó con 572 soldados; el general Mac Gregor llegó con 600 soldados; el coronel Mecceroni vino con 300 soldados; el coronel Ferms llegó con 250 hombres; y el coronel James Rooke, quien es considerado un héroe en Colombia, llegó con 200 hombres. En total, llegaron a tierras venezolanas entre 5.800 y 6.000 soldados y oficiales extranjeros a luchar por la causa independentista. Todos bajos las órdenes de Simón Bolívar. Eso fue mucho más que una ayuda humanitaria. Fue una ayuda militar extranjera para derrotar a otra fuerza militar extranjera (el ejército realista) que se había apoderado de Venezuela mediante el uso de la fuerza bruta.

¿Qué habría ocurrido si Bolívar no se empeña en traer a esos casi 6 mil soldados extranjeros para que lo acompañaran a librar las duras batallas contra las fuerzas realistas? Muy simple: habría perdido la guerra. Verbigracia: entre 1817 y 1822, la ayuda extranjera, tan odiada por los pseudo revolucionarios y bolivarianos que nos mal gobiernan desde 1999 hasta nuestros días, hizo posible la libertad de Venezuela hace 200 años. ¿Por qué no puede ocurrir lo mismo hoy día?

En mayo de 1817, James Towers English, el irlandés enterrado en Juan Griego, se entrevistó con Luis López Méndez, el representante de Bolívar en Londres. En mayo de 1818, firmó un contrato con el gobierno patriota para reclutar y equipar una fuerza británica de más de 1000 hombres, los cuales zarparon durante los siguientes meses y llegaron a las costas de Margarita con una sola misión: liberar a Venezuela y a la Nueva Granada. English fue nombrado general de brigada y le fue dado el comando de todos los soldados extranjeros. Luchó al lado del general Rafael Urdaneta y de acuerdo con algunos historiadores, rescató al general José Antonio Páez, cuando en pleno campo de batalla sufrió un ataque de epilepsia.

English fue herido en el campo de batalla. Se retiró a la isla de Margarita donde murió enfermo de fiebre amarilla y fue enterrado en el cementerio que queda en el barrio Guiri Guire frente a Juan Griego. La tumba del coronel English en Margarita tiene una lápida en la que se lee textualmente: “Aquí yacen los restos del general de Brigada James Tower English, expedicionario inglés, quien falleció el 19 de septiembre de 1819 al servicio de la independencia de Venezuela”.

Doscientos años después, todo parece indicar que los venezolanos necesitamos, una vez más, la ayuda de muchos James Towers English para recuperar nuevamente nuestra independencia y nuestra libertad. Como lo hizo el Libertador entre 1817 y 1819, en el 2018 invocamos con urgencia la ayuda humanitaria extranjera para derrotar a la dictadura y a los ejércitos extranjeros de Cuba, Rusia, China, Hezbollah, las Farc y el ELN que se han apoderado de Venezuela. Y eso, no es traición a la patria. Sino pregúntenle a Bolívar.



lunes, 23 de julio de 2018

Dictaduras post-moderna





Suele suceder que para entender las venturas del presente sea cada cierto tiempo necesario reubicarlo en contextos macro-históricos, de la misma manera como para entender la macro-historia hay que saber leer en los signos del día. Vivir el presente como historia y leer el pasado como presente -recomendaba el historiador Ferdinand Braudel- ayuda a entender porque la filosofía ontológica sugiere que el pasado no sólo existe en el pasado (como algo cronológicamente superado) sino que acompaña e interfiere el presente de modo contínuo y pertinaz. O en expresión más radical: vivimos a cuenta del pasado. Por una parte, el futuro porque es futuro, no ha sucedido, y el presente no es más que mediación entre un pasado que ya existió y el futuro que no conocemos. Disquisición no ociosa si pensamos que la América Latina de nuestros días está marcada no sólo por acontecimientos sino también por tantos traumas históricos.

Luego, si fuese necesario reconocer en un marco de reproducción ampliada las líneas fundamentales de la historia política latinoamericana, podríamos distinguir, entre otras menores que aparecen y desaparecen, tres de larga trayectoria y duración. Ellas son la línea dictatorial, la línea revolucionaria y la línea democrática. Esas, a las que llamaré: las tres dimensiones de la historia política del continente, como ocurre en toda realidad tridimensional, no se presentan de modo paralelo sino cruzándose, uniéndose en algunos momentos, separándose en otros, y casi siempre, interfiriéndose entre sí en el curso de su tormentoso recorrido.

En el presente artículo –una parte de un breve ensayo que estoy preparando bajo el título “dictaduras, revoluciones y democracias”- me ocuparé sólo de la primera dimensión: la dictatorial.
La dimensión dictatorial puede ser llamada también militarista, pues no hay dictadura que no sea militar o que no se apoye en ejércitos. Una dictadura sin ejército es un contrasentido.

Triste es decirlo, pero la franja más ancha de la historia política de América Latina ha sido la de las dictaduras, o si se quiere plantear al revés: la de las luchas en contra de las dictaduras. Casi podría afirmarse que la dictadura fue en el pasado la “forma natural” de gobierno y esa es la gran diferencia que separa a la historia de la América del Norte de la de América del Sur. De tal modo que las luchas democráticas de la región han sido también en contra de su propio pasado, luchas que continúan hasta nuestros días frente esos persistentes proyectos militaristas que, como asegura el tango, son como un “encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida” (“Volver”)

Y bien; a lo largo de la historia latinoamericana es posible encontrar diversas formas de dictadura militar, formas que en cierto modo son correspondientes con determinadas fases del curso histórico latinoamericano. Sin ninguna pretensión tipológica, y sólo para simplificar el marco de la exposición, podríamos distinguir tres formas predominantes –lo que no quiere decir que no existan otras de menor persistencia- de dominación dictatorial:
· a. La dictadura de tipo oligárquico post-colonial
· b. La dictadura militar de Guerra Fría (o dictadura de seguridad nacional) y
· c. La dictadura militar nacional- populista y/o socialista- nacional.

Las dictaduras oligárquicas –salvo una u otra excepción- marcan la historia del siglo XlX. Esa fue, menos que herencia, el lastre recibido del periodo colonial. Como consecuencias de las feroces guerras de la independencia, valientes y bárbaros generales ocuparon la silla del poder, y en la mayoría de los casos lo hicieron como representantes no sólo de los ejércitos sino de las no muy rancias aristocracias terratenientes desde donde provenían. Esas son “las venas ocultas” de las dictaduras latinoamericanas. De ahí que la mitología “bolivariana” que ensombrece nuestro presente no logra ocultar la nostalgia del estado-militarista del periodo post-colonial: utopía regresiva e inconfesa de tanto líder militar.

De esta manera, en la gran mayoría de las naciones de la región, el Estado surgió del ejército y la nación del Estado el que, en condiciones de guerra abierta y declarada, no podía sino ser un Estado militar, o apoyado en militares. Así se explica por qué la primera revolución social de la era moderna, la mexicana de 1910, tuvo lugar no en contra de un Estado “burgués” sino en contra de un Estado militar- oligárquico. El simbólico Porfirio Diaz, así como muchos de sus epígonos, gobernaba a su nación no como un Presidente, más bien como un patriarca, o lo que es igual, como un gran terrateniente cuya hacienda era el país, tradición que continuó, y nada menos que en nombre de la revolución, Venustiano Carranza (1917-1920).

Más allá de las ideologías, lo que unía a la gran mayoría de los dictadores latinoamericanos hasta nuestros días, fue la alianza entre el ejército y los sectores predominantemente agrarios que ellos representaban en y desde el poder.

Los dictadores latinoamericanos del siglo XlX y primera mitad del XX fueron, casi sin excepción, agraristas. El antagonismo que percibió Domingo Faustino Sarmiento en la Argentina del tirano Juan Manuel de Rozas, a saber, el de civilización contra barbarie, puede desdoblarse en la contradicción que se ha dado entre agrarismo y civilidad urbana, contradicción que, como ha destacado José Luis Romero en su siempre hermoso libro “Las Ciudades y las Ideas”, marca a fuego la historia latinoamericana.

Sucesores del patriarcalismo agrario denunciado por Sarmiento fueron, entre muchos, Alfredo Stroessner en Paraguay (1954-1989) -quien continuó la tradición hiperdictatorial inaugurada por el legenario Doctor Francia- o el “bolivariano” Juan Vicente Gómez de Venezuela (1908-1935). Sobre esas dictaduras patriarcales existe, por lo demás, abundante bibliografía, pero algunos geniales novelistas han captado su sentido más esencial, y eso ha sido así desde “El Señor Presidente” de Miguel Angel Asturias, “Yo, el Supremo” de Augusto Roa Bastos, “El Recurso del Método” de Alejo Carpentier, “El Otoño del Patriarca” de Gabriel García Márquez, hasta llegar a la “Fiesta del Chivo” de Mario Vargas Llosa. Algún día, un gran escritor escribirá una novela sobre Chávez, de eso no cabe duda. Los novelistas han sido muchas veces los vengadores ocultos de la historia.
El siglo XX fue, al igual que el XlX, muy pródigo en la formación de gobiernos dictatoriales. No obstante, desde la segunda mitad del siglo, las dictaduras “clásicas” comienzan poco a poco a cambiar su carácter oligárquico del mismo modo que emerge un nuevo tipo de dictaduras que ya no son típicamente oligárquicas sino, de acuerdo al concepto que popularizó José Comblin, “dictaduras de seguridad nacional”.

En algunos casos, las dictaduras oligárquicas clásicas, sobre todo en América Central, agregaron a su naturaleza oligárquica originaria (Somoza, Trujillo) la función de la seguridad nacional anticomunista. Esa tendencia fue representada, por ejemplo, en el primer gobierno de Hugo Banzer en Bolivia (1971-1978) y en su forma más pura en la terrible pero breve dictadura de José Efraín Ríos Montt en Guatemala (1982-1983). En otros casos, sobre todo en el Cono Sur, apareció un nuevo tipo de dictaduras no esencialmente oligárquicas ni agraristas cuya función originaria fue detener “el avance del comunismo” en contra de frentes políticos sociales (Unidad Popular chilena, Frente Amplio uruguayo) los que, de acuerdo a la doctrina kissengeriana, podían portar la posibilidad de una “segunda Cuba” que facilitara la entrada del imperio soviético en la región. Por esa razón tales dictaduras son también llamadas dictaduras de Guerra Fría y dentro de ellas, las más emblemáticas fueron las dictaduras de Pinochet en Chile y de Videla en Argentina.

Interesante es constatar que las dictaduras –anticomunistas y modernizadoras a la vez- tuvieron lejanas precursoras en la Venezuela del “bolivariano” Marcos Pérez Jimenez (1952-1958) y en la Colombia de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957). Es por eso que la mirada del historiador debe considerar que lo que en determinadas ocasiones aparece como un hecho aislado, puede ser el anuncio de un nuevo contexto histórico, del mismo modo que la aparición de una estrella errante puede ser el anuncio de una constelación no divisada.

Interesante es también constatar que a diferencia de las dictaduras patriarcales y agraristas las dictaduras de “seguridad nacional” se hicieron co-partícipes de proyectos empresariales cuyo objetivo era modernizar las economías nacionales, abriendo las fronteras económicas en un plan bautizado despué como “neo- liberal”, plan destinado a reemplazar la llamada “sustitución de importaciones” (de origen desarrollista y “cepalino”) por un proyecto basado en la “diversificación de las exportaciones”.

Los intentos más serios de modernización agroexportadora tuvieron lugar en el Brasil dictatorial de los años sesenta y setenta. Baste recordar que sociólogos de inspiración marxista como Fernando Henrique Cardoso, llegaron a hablarnos durante esos tiempos de una revolución “burguesa” la que ante la ausencia de una burguesía clásica debía ser realizada por una “burguesía en uniforme”. Ruy Mauro Marini –siguiendo los esquemas de André Günder Frank- fue más lejos que Cardoso al desarrollar la teoría del sub-imperialismo brasileño dirigido por un cuarto poder: el militar. En cualquier caso, el proyecto modernizador fue realizado hasta sus últimas y más radicales consecuencias durante la dictadura de Pinochet en Chile cuando comenzó a ponerse en práctica el plan de ajuste tendiente a generar un sistema basado en la diversificación de la exportaciones. No tanto éxito tuvieron los militares argentinos quienes se vieron enfrentados a corporaciones agrarias e industriales, incluso sindicales, muy difíciles de domesticar.

Por último, cabe recordar que a diferencia de la versión “izquierdista” que asigna a estas dictaduras el simple papel de autómatas de los EE UU, ellas gozaron de una autonomía relativa que se expresada incluso en enfrentamientos políticos con los EE UU como ocurrió con la dictadura chilena durante el periodo Carter. Del mismo modo, no está de más recordar que la dictadura del general Videla recibió el apoyo económico y político de la URSS, documentado en textos de la Revista Internacional, en donde se diferenciaba el “fascismo pinochetista” del “progresismo nacionalista” de los militares argentinos. La historia, en fin, es y será más compleja que la historiografía.

En un tercer lugar tenemos que referirnos a las dictaduras militares de tipo populista a las que en otras ocasiones he mencionado bajo el concepto de dictaduras nacionalistas- sociales (a fin de diferenciarlas del nacional- socialismo de tipo europeo). Al hacer esta referencia imagino que más de algún lector ha pensado inmediatamente en el gobierno militar inaugurado por Hugo Chávez. Por eso es importante, antes qdestacar que el gobierno de Chávez estuvo lejos de ser único en su especie.
El gobierno militar chavista representaba la cristalización de una tendencia que ha acompañado, de modo latente, después de modo manifiesto, la historia de la modernidad latinoamericana.

O para decirlo de otro modo: así como la dictadura militar oligárquica corresponde a una alianza entre militares y sectores terratenientes; o así como la dictadura de seguridad nacional realizó en algunos países una alianza con un nuevo sector empresarial exportador, la dictadura militar populista conoce tres momentos. El primer momento se caracteriza por una alianza entre el ejército y masas urbanas y agrarias emergentes, alianza en la cual el Estado militar ocupa el lugar de la absoluta hegemonía. El segundo se caracteriza por la autonomización del Estado militar con respecto a las bases populares que le sirvieron de base. El tercero se caracteriza por la autonomización del caudillo y su camarilla con respecto al propio Ejército.

El gobierno militar chavista representa el entrecruce de dos líneas. Una es la línea populista, la otra es la militarista. Desde comienzos del siglo XX dichas líneas tendieron cada cierto tiempo a juntarse. Momentos efímeros fueron, por ejemplo, el primer gobierno militar- popular de Fulgencio Batista, el que contó con la participación del Partido Comunista de Cuba (1940-1944). Dichos momentos aparentemente fortuitos emergieron después fugazmente en la guerra civil de la república Dominicana en torno al general Francisco Caamaño (1965) o en la Bolivia de Juan José Torres (1970-1971). Pero sin duda, los gobiernos que mejor anunciaron el momento chavista -si se quiere, los grandes profetas del mesianismo político de Chávez- fueron el de Juan Francisco Velasco Alvarado en Perú (1968-1975), el de Omar Torrijos en Panamá (1969-1981), y aunque parezca extraño, el de Alberto Fujimori (1990-2000), otra vez en Perú. En todos esos gobiernos -habría que agregar el de Manuel Antonio Noriega durante sus primeros tiempos (1983-1989) y el mal realizado proyecto de Lucio Gutiérrez en Ecuador (2002-2005)- se anunciaba la utopía de la dictadura militar populista que hoy está cristalizando en Venezuela y, en gran medida en Nicaragua.

Extrañará tal vez que no ubique a la dictadura castrista como precursora del militarismo- populista. La verdad es que la dictadura castrista, quizás por su larguísima duración, es un caso especial de “camaleonismo tipológico”. Emergida de una revolución democrática (antidictatorial) pasó, gracias a su entrega al imperio soviético, a convertirse en la primera dictadura de tipo estalinista del continente. Después de la (auto) destrucción del imperio soviético, adquiere los rasgos típicos de una dictadura socialista-nacional. Eso no impide que Fidel Castro como gobernante hubiera mantenido muchos rasgos típicos de los dictadores patriarcales y agraristas del siglo XlX.

El “aporte” chavista reside en haber unido el destino de su gobierno con la dictadura militar de los Castro, dotar a su jefatura de un rudimentario pero efectivo sistema ideológico de dominación, utilizar un sistema electoral controlado desde el gobierno, ejecutar “golpes desde el Estado” en las zonas que lo adversan, y formar un conglomerado internacional expansionista a través del ALBA, cuya hegemonía reside en el eje Habana-Caracas con muchas ramificaciones en la Nicaragua post-sandinista.

Cabe mencionar que, en lo que se refiere a las dictaduras socialistas-nacionales, o militar-populistas, no existe un concenso unánime de definición entre los llamados cientistas sociales. No son pocos quienes con ciertas razones aducen que estos gobiernos no pueden ser denominados como dictaduras sino simplemente como “gobiernos autoritarios” aunque puedan ser más crueles y arbitrarios que las dictaduras tradicionales. Eso depende, ciertamente, desde que punto de vista argumentamos.
Desde el punto de vista jurídico una dictadura se define por la concentración de los tres poderes del estado en una sola entidad y en ese caso las mencionadas serían, efectivamente, dictaduras. Desde el punto de vista político, sin embargo, la dictadura se define en términos de dominación y hegemonía.

Ahora, la dominación hegemónica a diferencias de la dominación “pura” no se basa solo en relaciones de fuerza sino en la existencia de determinados espacios políticos, entre ellos la existencia de segmentos opositores, si no permitidos, tolerados, así como en eventos electorales sometidos a control estatal. En ese sentido podríamos decir que las neo-dictaduras, o dictaduras de nuevo tipo, pueden ocasionalmente aparecer ocasionalmente como simples democracias deformadas.

Una vez escuché ironizar a un politólogo afirmando que las nuevas eran “dictaduras cuánticas”. La metáfora no es muy desafortunada. Así como en los paquetes cuánticos las partículas elementales aparecen en forma de materia y otra vez en forma de luz dependiendo de la posición del observador, bajo las nuevas dictaduras aparecen ocasionalmente espacios políticos desde donde es posible para la oposición iniciar una lucha por la hegemonía. Esto no es mas que una dictadura post-moderna...

¿A dónde vamos?

Estamos en un momento crucial. Un caos generalizado como consecuencia de una política económica absolutamente extraviada de toda lógica, que avanza como kamikaze a su autodestrucción está acompañada de una demanda y expectativa de liderazgo y conducción política que aún no es cubierta por ningún actor, simplemente porque cada uno por su lado nunca lo podrá lograr.

Y mientras todo esto sucede, los sectores gremiales y sociales de manera decidida afirman estar dispuestos a darlo todo porque "ya no hay nada que perder" o como me dijo ayer Ana Rosario Contreras, dirigente de las enfermeras que hoy son ejemplo de lucha para todo el país: "sé que pueden intentar quebrarme, pero eso no me detendrá porque la lucha es por un país, no es por una persona, mi familia lo sabe."

Sin embargo, la necesidad de articular todas las luchas es urgente. El sector eléctrico con una justa lucha salarial tampoco podrá sólo, si no comprende que el problema de las enfermeras, los médicos, los docentes, los petroleros, se basa exactamente en el mismo elemento: la política económica empobrecedora que sólo alimenta a los corruptos y destruye el aparato productivo que va quedando.

Es el gobierno de Maduro y la kakistocracia madurista la culpable, pero la lucha no sólo es por la salida del gobierno, sino por la necesidad de confiar en una alternativa que dé garantías de que podamos salir de la crisis sin impunidad de los responsables, normalizando la economía.

Es por ello que el medio que se debate hoy para profundizar la lucha reivindicativa para que adquiera sentido político y permita emerger nuevos liderazgos parte de las luchas concretas, que en suma hoy están empujando a un paro de facto de la mayoría de los sectores económicos y sociales del país. Es tan así que la realidad es que ni siquiera hay transporte para que los trabajadores lleguen a sus puestos de trabajo.

Sin embargo, profundizar el paro hoy, con condiciones objetivas pero sin las condiciones subjetivas de quienes tienen en su mano definir este paro a nivel nacional, además de las consecuencias que eso trae, obliga a pensar en un paso previo, una jornada de huelga nacional de 8 horas laborales, acción consagrada como derecho en el artículo 97 de la Constitución, para lo cual se debe generar una urgente consulta de todos los sectores de la vida nacional, y así entiendo que el Frente Amplio Venezuela Libre lo anunciará
.

¿Una jornada de huelga nacional para qué?

A diferencia de la deriva jurídica de una huelga en Venezuela, la huelga es la protesta previa a un paro, aunque en nuestro país el valor de los conceptos está invertido, sin embargo, sin hacer punto de honor conceptual, huelga o paro, hoy el país demanda una acción para la unificación de las fuerzas, para la coordinación de acciones y para la definición de la conducción política en función del restablecimiento de los derechos de los trabajadores y en general para el restablecimiento del orden constitucional.

¿Y el día después qué?

Amaneceremos organizados, más fortalecidos, con un gobierno más debilitado y obligado a ceder, a tener que dar un paso atrás, mientras nuevos sectores políticos, sociales e incluso militares tendrán que pensar cómo integrarse a la lucha. El día después será el primer día de una nueva etapa en la lucha, con la fuerza necesaria para planificar una nueva acción aún más contundente.