sábado, 14 de febrero de 2026

Amnistía y Estado de derecho: cuando la ley no es suficiente !!!

 


La amnistía general propuesta busca la convivencia y la paz entre los venezolanos y las venezolanas", afirma la Exposición de Motivos de la Ley de Amnistía que hoy se discute en la Asamblea Nacional. Para que esa declaración no se reduzca a un recurso retórico destinado a capear el temporal político, debe estar acompañada de decisiones inmediatas, integrales y coherentes.

Resulta imprescindible desmontar el andamiaje legal que durante años ha servido para perseguir a la disidencia política. Normas como la Ley contra el Odio, la Ley Orgánica Simón Bolívar, la Ley de Fiscalización de las ONG y la Ley Antibloqueo —entre otras— han operado, en la práctica, como herramientas de judicialización del adversario. Mientras ese entramado permanezca intacto, cualquier amnistía será necesariamente insuficiente.

A ello se suma la urgencia de reformar la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República y eliminar la facultad administrativa de inhabilitar políticamente a ciudadanos, impidiéndoles participar en igualdad de condiciones y en libertad en procesos electorales. La reconciliación que se proclama debe traducirse en hechos verificables: una sociedad sin presos políticos y sin inhabilitados constituye su punto de partida.

Del mismo modo, no puede seguir utilizándose el Código Penal para calificar como “terrorismo” la disidencia política. La imputación de delitos como asociación para delinquir, instigación al odio o terrorismo a manifestantes y dirigentes civiles evidencia un uso expansivo y desnaturalizado del derecho penal; y esto exige una revisión perentoria.

Para comprender la raíz de esta práctica conviene mirar más allá de las normas y atender a la lógica política que la inspira. La doctrina ha denominado este fenómeno como “derecho penal del enemigo”, concepto desarrollado por Günther Jakobs, según el cual el Estado deja de tratar a ciertas personas como ciudadanos titulares de derechos y pasa a considerarlas enemigos a neutralizar. En ese esquema, el adversario no es juzgado por lo que hace, sino por lo que representa o piensa.

Esa visión tiene antecedentes teóricos precisos. Carl Schmitt formuló la política como una relación binaria entre “amigo” y “enemigo”. Cuando esta lógica se traslada al campo jurídico, el derecho deja de ser un sistema de garantías para convertirse en un instrumento de exclusión y persecución. La historia ofrece un ejemplo extremo: lo ocurrido en la Alemania nazi, cuando las categorías jurídicas del sistema romano-germánico fueron desplazadas por un orden en el que la voluntad del Führer y el programa del partido sustituyeron a la Constitución de Weimar, mientras el juez independiente era reemplazado por operadores alineados con la ideología oficial. En los autoritarismos modernos, esa voluntad la encarna el autócrata de turno y sus seguidores que se apoyan en el discurso épico para descalificar y amedrentar.

La enseñanza histórica es inequívoca: cuando el poder político define a sus adversarios como enemigos, el derecho pierde su función protectora y se convierte en un mecanismo de represión. Y lo asombroso es que el enemigo se define por la capacidad de pensar distinto. Por ello, la derogación de este tipo de normas debe avanzar de forma simultánea con una reforma judicial profunda, capaz de garantizar que el discurso político encuentre respaldo en acciones concretas. Sin ajustes efectivos en el marco jurídico vigente, la amnistía no podrá materializar la convivencia y la paz que proclama.

Este debate sobre la Ley de Amnistía, además, vuelve a poner en evidencia el denominado “mito de la ley”: la idea de que los problemas políticos y sociales se resuelven simplemente dictando normas, como si la sola existencia de la ley garantizara su justicia. En realidad, lo decisivo no es quién la redacta, sino quién la interpreta y aplica, porque es el juez quien otorga sentido real a la letra de la ley. La aplicación del derecho no es un acto mecánico, sino una tarea de razonamiento y criterio.

La amnistía requiere —hay que insistir en ello— de jueces y fiscales intelectualmente idóneos, autónomos e independientes. Más que la lista de beneficiarios importa que el órgano jurisdiccional, mediante una interpretación amplia del derecho a la defensa, proteja a todos los perseguidos políticos, estén o no incluidos en una lista.

De allí que resulte inevitable ampliar el debate hacia la situación de las instituciones del sistema de justicia en Venezuela. Sin jueces y fiscales autónomos no será posible garantizar los derechos de los ciudadanos.

Aprobar una ley es apenas un paso; asegurar su aplicación imparcial es el verdadero desafío. En última instancia, no se trata solo de leyes, sino de restaurar la confianza de los ciudadanos en que el derecho volverá a protegerlos por igual. La amnistía supone un olvido legal de los hechos que constituyen delito; pero esa decisión jurídica no puede ni debe traducirse en amnesia colectiva. En definitiva, reconciliar al país exige que el derecho pueda servir a la convivencia y no a la exclusión.

Abog. Felix Matos

La diáspora venezolana percibida como daño colateral

 A medida que transcurre el año 2026, se multiplican los llamados —de propios y extraños— al éxodo, exigiéndole el retorno inmediato al país bajo la consideración de que la situación ha cambiado en Venezuela y que se requiere el aporte urgente de sus ciudadanos dispersos por el mundo, quienes, al sonido del clarín de la patria, deberían presentarse presurosos en su territorio.



Sin mediar palabras ni mayores consideraciones, se insta a más de 9 millones de personas —quienes partieron perdiendo, en la mayoría de los casos, sus bienes y modos de vida— a regresar, luego de haber tenido que empezar de cero en otros países, donde fueron tratados con benevolencia en algunos casos y con discriminación y xenofobia en otros. Muchos de ellos aún permanecen en la incertidumbre, al desconocer cuál será el próximo paso que les garantice seguridad, parcial o plena, para sí y sus familias.

Veamos la dimensión aproximada de la diáspora venezolana:

  1. Colombia: 2.856.123
  2. Perú: 1.662.889
  3. Estados Unidos: 1.168.271
  4. Chile: 728.586
  5. Brasil: 626.885
  6. España: 518.918
  7. Ecuador: 489.528
  8. Argentina: 223.455
  9. República Dominicana: 124.123
  10. México: 110.252
  11. Portugal: 102.354
  12. Panamá: 94.435
  13. Italia: 64.521
  14. Uruguay: 41.256
  15. Francia: 31.325

Estas cifras corresponden solo a 15 países. Según el Observatorio de la Diáspora Venezolana (ODV), dirigido por el sociólogo Tomás Páez, se identifican migrantes venezolanos en al menos 90 países. La diáspora, que supera los 9,1 millones de personas (según proyecciones a mayo de 2025), se extiende globalmente, con presencia significativa en más de 1.500 municipios y 500 ciudades.

Estas cifras indican que el éxodo venezolano es, cuantitativamente, uno de los mayores a nivel global, superando incluso al de países que han sufrido guerras civiles, como Siria, Afganistán y Myanmar, así como al derivado de la cruenta guerra emprendida por el dictador ruso Vladimir Putin contra Ucrania.

Por consiguiente, el tema no puede ser tratado con ligereza, sino con la gravedad que amerita. Es imprescindible considerar cuáles son las condiciones actuales del país. Como lo señala Ricardo Hausmann: “Sin garantías democráticas no habrá inversión ni transición en Venezuela”. Advierte que la reapertura petrolera carece de credibilidad sin garantías políticas, elecciones verificables y control efectivo del aparato coercitivo. Asimismo, cuestiona la estrategia de Washington y describe un país aún regido por la arbitrariedad.

En pocas palabras, la situación de la diáspora venezolana no es color de rosa. Si bien es cierto que ha sido beneficiada por políticas estables de inmigración en algunos países de América Latina —como Colombia, Argentina, Brasil, Uruguay y Ecuador—, en otros la hostilidad y la xenofobia han ido en aumento, como en los casos de Chile y Perú.

En la Unión Europea destaca el gobierno de España, que promulgó el 20 de enero de 2026 un decreto que ofrece a cientos de miles de migrantes indocumentados una vía para salir del limbo legal. La medida posiciona al país en contraste con muchos otros que, en el mundo, han endurecido progresivamente su postura frente a la migración irregular.

Entretanto, en Estados Unidos se agrava la situación de 650.000 venezolanos tras la suspensión definitiva del TPS, el permiso transitorio que les garantizaba autorización de trabajo y permanencia temporal en ese país. Se han difundido imágenes preocupantes de detenciones, arrestos y traslados a centros cuestionados por violaciones de los derechos humanos.

En ese contexto, resalta la indefensión que sufren nuestros compatriotas, al punto de que pocas voces opositoras venezolanas destacan por denunciar que la situación estructural del país no ha cambiado. En cambio, concentran su atención en los efectos de la intervención de la actual administración estadounidense, relegando a un segundo plano la suerte de miles de venezolanos en el exterior.Incluso en redes sociales circula reiteradamente el mensaje: “Si ese es el precio que tenían que pagar los venezolanos por la extracción de Maduro, hay que mirar para otro lado ante la eliminación del TPS para 650.000 venezolanos en Estados Unidos y agradecerle al gobierno de Trump la acción”. Vaya ironía.

Para colmo, se perfila en Chile una política antimigratoria similar con el nuevo presidente José Antonio Kast, quien asumirá el poder el 11 de marzo de 2026 y ya ha declarado: “No habrá regularización; habrá expulsión”. Una promesa que ejecutará -dijo- desde su primer día de gestión. Esto ha generado alarma en Perú y otros países de la región andina ante la posible oleada migratoria, entre la cual se estima la presencia de aproximadamente 200.000 venezolanos.

Finalmente, la indiferencia no debe ser la respuesta ante una situación que afecta a casi 30% de la población venezolana en el exilio, que ha costado la vida a miles de compatriotas y ha significado una profunda pérdida de talento humano. Por el contrario, debería crearse un ministerio exclusivamente destinado a atender esta catástrofe, tarea que correspondería asumir a un nuevo gobierno y no al régimen que propició la estampida migratoria más grande que haya conocido país alguno en el continente americano.

Así que  vemos que el panorama de la diáspora Venezolana no esta ni estará cerca de ser algo fácil de digerir por los países donde se encuentran.

Abog. Felix Matos

La diferencia entre liberar cuerpos y restituir derechos




¿Cómo se repara un alma rota? Como joven y defensora de los derechos humanos estos últimos días me he detenido a pensar –o más bien a filosofar– sobre todas las almas que el régimen ha quebrado, sobre esa parte tan íntima que ha sido ultrajada, porque un corazón que ha sido testigo de los tratos más crueles, violentos e inhumanos deja de latir igual. 

En contextos autoritarios –como el de Venezuela– la excarcelación de presos políticos suele leerse como una señal positiva, como la apertura a un proceso de cambio en donde la persecución y la violencia sistemática parecen haber quedado en el pasado. Sin embargo, liberar a una persona que fue detenida de manera arbitraria no equivale a hacer justicia. Porque salir de la cárcel no significa que el daño haya terminado, es una pequeña tregua para iniciar un proceso que de por sí no es fácil, pero que se necesita ejecutar con todas las de la ley para que cada persona que ha estado detenida pueda ir retomando su presencia en la sociedad y empiece a recuperar ese valor humano innato e intrínseco: la dignidad.  


Sin duda, cada vez que sale un preso político es indiscutible la sensación de alegría, de alivio, de esperanza, pero como todo en la vida, siempre hay otra cara que no se puede obviar y es que excarcelar no es sinónimo de justicia, retirar un castigo –como lo es el encierro–, sin asumir el daño, no es reparación. La prisión política no termina cuando se abre la celda, porque no sólo se encierran cuerpos: se interrumpen vidas, se separan familias, se instala el miedo y se normaliza la arbitrariedad. 

Hemos sido testigos del primer debate celebrado en la Asamblea Nacional para discutir la Ley de Amnistía propuesta por Delcy Rodríguez, una iniciativa que no surge de una convicción política genuina ni de un reconocimiento de responsabilidades, sino como respuesta directa a la presión ejercida por el gobierno de Donald Trump desde el 3 de enero. Esta propuesta no representa un gesto de reconciliación nacional ni un avance real hacia la justicia, sino una maniobra estratégica destinada a aliviar tensiones internacionales y ganar tiempo, frente a un escenario cada vez más adverso para el oficialismo. En lugar de atender las demandas de las víctimas o promover un verdadero proceso de rendición de cuentas, la Ley parece diseñada para proteger a actores clave del poder, evidenciando una vez más el uso instrumental de las instituciones para fines políticos.

Cuando el Estado no reconoce que detuvo arbitrariamente, cuando no juzga a quienes cometieron delitos y no restituye derechos civiles ni políticos, entonces no está reparando, solo está administrando la libertad, quedando condicionada al silencio, a la obediencia, a la autocensura. Desde el ámbito de los derechos humanos, reparar implica algo mucho más profundo: verdad, reconocimiento del daño, restitución integral de derechos y garantías de no repetición, sin estos elementos, la amnistía corre el riesgo de convertirse en una herramienta política que se ajusta a exigencias internacionales. 

Hablar de presos políticos no significa anclarse en el pasado, es hablar del presente democrático y de un futuro libre, porque mientras existan personas que salen de prisión sin recuperar plenamente sus derechos, la justicia seguirá siendo parcial y la dignidad negociable.  Si entendemos como sociedad que estamos en un momento que nos exige total responsabilidad, porque nos permite rediseñar nuestra política y de alguna forma acompañar y sanar a todos aquellos que han sido destruidos por los verdugos del régimen, entonces estaremos caminando en la dirección correcta para alcanzar la libertad y la democracia.


Abog. Felix Matos

lunes, 16 de junio de 2025

¿Guerra económica o guerra contra la realidad?


Según fuentes oficiales e independientes, a principios de este siglo XXI, el Estado venezolano concentraba 70% del valor en dólares de toda la propiedad no residencial

existente en el país, es decir, aquella que se destina a la producción y generación de bienes y servicios (la que no incluye a los activos inmobiliarios que sirven de residencia a sus dueños). Más de dos décadas después, el Estado elevó ese porcentaje a más de 80%; en consecuencia, el sector privado en Venezuela sólo tiene en su poder aproximadamente  20% del valor de la propiedad no residencial asentada en nuestro territorio.

A principios de la presente centuria, el gasto público consolidado del Estado representaba 25% del Producto Interno Bruto nacional y para el año 2024 este gasto constituyó más de 50% del PIB. En 1998, 73% de las divisas que ingresaban al país los generaba el sector de los hidrocarburos a través de PDVSA y otras empresas estatales con vocación exportadora. En el año 2024, 95% de los ingresos externos de la nación, los producía el petróleo. En 1998 la nómina de personal al servicio del sector público pasó de emplear  15% de la población económicamente activa a más de 30% en la actualidad, ciertamente con ingresos muy precarios.

Sustentado en el control patrimonial y monopólico que ejerce históricamente sobre la industria y la renta petrolera, el Estado Venezolano  es propietario mayoritario de acerías, cementeras, compañías de almacenaje en frío, centrales azucareros, industrias lácteas, complejos de fabricación de aluminio, industrias extractivas de hierro, bauxita y otros minerales, Cavim, Edelca, Corpoelec, Electricidad de Caracas, empresas de suministro de agua, de gas, de distribución  y transporte de combustibles, estaciones de servicio, empresas papeleras, de válvulas, de producción de pasta de tomate, de bancos, líneas aéreas, hoteles, flotas autobuseras empresas de telefonía básica y celular, canales de televisión, de radio, de silos, hatos, fincas y haciendas . 

Todo este inmenso poder económico constituido por las empresas mercantiles de propiedad estatal que existen en el país, está en manos de una sola persona: el Jefe del Estado o el Presidente de la República como administrador que es de la Hacienda Pública Nacional. El resto, un escaso 20% del valor de la propiedad en Venezuela es de carácter privado, en el área formal e informal de la economía y está en manos de millones de conciudadanos, que viven de los frutos que generan esas propiedades, grandes, medianas y pequeñas.

Ante esta evidencia nos asaltan dos preguntas: ¿cómo sería Venezuela si la relación entre propiedad pública y privada fuera inversa a la que existe hoy? ¿No habría mayor oferta de puestos de trabajo y empleos mejor remunerados?

El Estado venezolano, al concentrar tan impresionante cantidad de riqueza, tiene a su alcance una gigantesca capacidad de avasallamiento sobre la sociedad. El sector estatal en Venezuela ejerce control patrimonial sobre una inmensa mayoría de medios productivos. Esta relación Estado, economía, sociedad, permite que los gobiernos controlen la base material del país, es decir, la riqueza.

No se trata de estar en contra del Estado, cuyo poder debe ser limitado pero fuerte en sus áreas de competencia, a saber: educación, salud, infraestructura, seguridad y defensa. Una cosa es el desempeño de un Estado moderno y otra cosa el estatismo.

Los recursos económicos son por definición escasos, por consiguiente, la sociedad debe tomar una decisión. Un Estado hipertrofiado y gigantesco le resta recursos al sector privado de la economía y viceversa, ya que uno crece a expensas del otro. En ese sentido, hay que buscar un equilibrio y que ese equilibrio sea funcional y estable.

No estamos hablando sólo de la propiedad privada, sino que además de todo el sistema productivo y de intercambio comercial que mueve la economía, existan también instituciones públicas (no sólo gubernamentales) a partir de las cuales se garantice a los ciudadanos, bajo el imperio de la Ley, operar de manera independiente y autónoma del poder discrecional de los gobiernos, para crear las condiciones materiales que le permitan disponer de los medios económicos suficientes que fomenten su bienestar.

Cada medida gubernamental destinada a interferir arbitraria y discrecionalmente sobre el sistema de precios y de libre empresa mediante la aplicación de controles y regulaciones, derivará rápidamente en la necesidad de aplicar otras muchas medidas más, de igual naturaleza y de carácter complementario, hasta llegar a un punto de no retorno: Esa es la naturaleza de los modelos estatistas. Basta con consultar el libro 4000 años de controles de precios y salarios para escarmentar sobre tales conductas.

Nos dicen que el país enfrenta una guerra económica cuando en verdad, muchas políticas públicas desarrolladas desde el Ejecutivo representan más bien una guerra contra la realidad.

Todo esto ha traído destrucción de riqueza, desaparición de empleos productivos, escasez, desabastecimiento y desde luego inflación. Tal vez sea indicado en este momento recordar las palabras de Arturo Uslar Pietri pronunciadas durante la instalación de la Escuela Libre de Ciencias Económicas y Sociales el 28 de octubre de 1938: “Resulta absolutamente bizantino ponerse a discutir sobre la conveniencia de que el Estado intervenga o no en nuestra vida económica. El hecho es que el Estado interviene y está interviniendo en nuestra vida económica, porque nuestra vida económica no es sino un reflejo de la riqueza del Estado”.

La fuga de los asilados


 Sorprendido, zarandeado y desmoralizado ha quedado el régimen dictatorial de Nicolás Maduro una vez que se confirmó la espectacular fuga emprendida por los rehenes que estaban encarcelados en la sede diplomática de Argentina, en la ciudad de Caracas. Recordemos que en marzo de 2024, seis opositores venezolanos, todos vinculados al Comando Con Venezuela y 5 de ellos al partido Vente Venezuela de María Corina Machado, ingresaron a la residencia del embajador de Argentina en Caracas, tras ser acusados por la dictadura de Maduro de “participar en actividades desestabilizadoras, específicamente un supuesto complot para atentar contra el presidente”. Estos asilados fueron: Magalli Meda, Pedro Urruchurtu, Omar González, Humberto Villalobos, Claudia Macero y el exministro Fernando Martínez Mottola, lamentablemente fallecido.

El gobierno argentino, bajo la presidencia de Javier Milei, otorgó asilo político a estos opositores, reconociendo el riesgo que enfrentaban. Sin embargo, las autoridades venezolanas negaron salvoconductos para que los asilados pudieran salir del país de manera segura, lo que generó un impasse diplomático. La Embajada de Argentina se convirtió en un refugio temporal, pero también en un punto de tensión, con reportes de vigilancia constante por parte de fuerzas de seguridad controladas por el ministro Diosdado Cabello, y cortes intermitentes de los servicios de agua potable, electricidad, alimentos y medicinas. La verdad es que Maduro se colocaba de espaldas a los acuerdos internacionales que garantizan derechos para los asilados y los redujo a rehenes, al mismo tiempo que la sede diplomática fue trastocada en una cárcel de la que había que buscar la manera de fugarse y eso fue lo que hicieron estos héroes venezolanos.

Este es otro capítulo victorioso de los ciudadanos venezolanos que no han cesado de luchar, superando todo tipo de escollos y hasta los desalientos y frustraciones que, una que otra vez, han sido dirigidos para intentar desmontar el ánimo indispensable para perseverar ante una tiranía arbitraria como esa que jefea Maduro. Hoy Maduro acusa este otro espectacular golpe cívico, que se suma al que le propinó nuestro pueblo el pasado 22 de octubre de 2023, haciendo posible la realización de la epopeya de la elección primaria en la que María Corina Machado salió airosa, dejando atrás el siniestro esquema mediante el cual el régimen controlaba las cartas de juego en el tablero de la confundida oposición. Desde entonces María Corina ha impulsado una estrategia que apunta a lo medular, lograr la definitiva libertad de Venezuela. Luego surgió el capítulo protagonizado por Edmundo González y ambos hicieron posible la hazaña del triunfo contundente del 28 de julio pasado que el dictador maduro pretende robarse.


El “todopoderoso régimen” ha quedado “en pelotas” ante los ojos del mundo. Bien se sabe que la herramienta de la que se vale esa dictadura, para sostenerse en la usurpación de los poderes públicos, es su sanguinario aparataje policial, que ahora fue penetrado y por lo tanto burlado para hacer posible que los asilados lograran lo que ha sorprendió a un iracundo Maduro, que busca una explicación razonable entre sus más cercanos aliados. Ellos no tienen nada creíble que decir. Tratan de instalar en el imaginario de la opinión pública una falsa narrativa que se ha desplomado por el propio peso de la mentira. ¡No hubo negociación alguna! El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, que había asumido temporalmente la representación de los intereses argentinos en Venezuela tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre Caracas y Buenos Aires, confirmó que no se emitieron salvoconductos, reforzando la narrativa de una fuga no autorizada. A esa declaración oficial del gobierno del presidente Lula da Silva, vale la pena agregar la de los gobiernos de Estados Unidos y de Argentina, ambos solidarios con esta jornada de liberación, resaltando el carácter de “extracción exitosa de la misma”. Y no podía ser de otra manera. Esas acciones forman parte del derecho y de la obligación moral de un ser humano víctima de un secuestro. Recuperar la libertad es su obligación. Además, lo hacen en terrenos de una tiranía en la que no se respetan los derechos humanos, no hay autonomía del poder judicial, y en donde las policías son pelotones que se disponen apara perseguir  a los disidentes, esbirros que proceden amparados en un régimen bárbaro, perpetrador de crimines de lesa humanidad en el marco del tenebroso desarrollo de un Terrorismo de Estado.

Bufones del régimen, como Diosdado Cabello, “jefe” de los servicios de seguridad de la dictadura, han quedado contra la pared. Hoy, el arrogante y sarcástico Diosdado, es blanco del dedo acusador de sus propios socios de la corporación criminal que integran.  Han puesto a correr el ruidoso término de “culpable” de esa penetración de sus propios sistemas de inteligencia policial. Diosdado está descolocado. Intenta, infructuosamente, llevar este desastre que lo hunde en el fracaso, al terreno del humor en su parodia televisiva. Insólitamente se cree capaz de imitar las habilidades de George Harris, de Emilio Lovera, de Laureano Márquez o de Rafucho, el maracucho. ¡Pero qué va! no tiene talento, sino demasiada maldad.

Por otro lado, María Corina luce adornada por la certeza. Habla y argumenta con la apreciable y firme convicción de que dice solo la verdad y toda la verdad. No deja espacio para incertidumbres, menos para la duda, porque cada frase que sale de su boca da lugar a la fe en sus palabras como si estuviera reafirmando lo que es incuestionablemente real: “el sol sale todos los días”.


Abg. Felix Matos

miércoles, 23 de abril de 2025

Cachicamo llama a morrocoy Conchuo

 El Dictador Nicolás Maduro aseveró que el salvadoreño, Nayib Bukele, es «un violador de los derechos humanos, un violador serial de la libertad, de la dignidad de los seres humanos y al trato justo» y exigió que libere de inmediato a los 252 migrantes venezolanos encarcelados en en ese país. Asi vemos como cachicamo llama a morrocoy conchuo...

Por primera vez Nayib Bukele reconoció que tiene a 252 venezolanos en cárceles, sin juicio, sin derecho al debido proceso y a la defensa. Además, se niega a dar fe de vida de cada uno de ellos», mencionó Maduro, quien le aconsejó al salvadoreño que «abandone el camino de la desaparición forzosa, que responda al cuestionario del fiscal general de Venezuela, de fe de vida de todos los secuestrados, que indique cuáles fueron los supuestos delitos que cometieron».

Por otra parte el (Titere) Fiscal  Tarek Willian Saab destacó que el debate mundial entorno a la desaparición forzosa de los 252 migrantes venezolanos que «están secuestrados, no se les ha permitido acceso a una llamada para sus familiares (…) a los abogados salvadoreños que han sido contratados por sus familiares, ni a ningún organismo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (…); porque no hay ningún delito allí, están sencillamente secuestrados.

El domingo, Bukele propuso a Maduro un acuerdo humanitario que contempla canjear a 252 venezolanos deportados y encarcelados en el Centro de Confinamiento del Terrorismo por la misma cantidad de presos políticos recluidos en Venezuela, una oferta que el chavismo Nicolás Maduro calificó de ilegal y abusiva.

En este sentido, el Ministerio de Relaciones Exteriores (de El Salvador), traslada formalmente una propuesta de repatriación total de los 252 ciudadanos venezolanos detenidos, condicionada a la liberación y entrega, por parte de Venezuela, de un número igual (252) de personas privadas de libertad por razones políticas en territorio venezolano», indica la nota.

Añade que esto incluye la liberación de 50 ciudadanos de distintas nacionalidades, como estadounidense, alemana, dominicana, argentina, boliviana, israelí, chilena, colombiana, ecuatoriana, española, francesa, guyanesa, neerlandesa, iraní, italiana, libanesa, mexicana, peruana, puertorriqueña, ucraniana, uruguaya, portuguesa y checa.

De considerarse viable esta propuesta, el Ministerio de Relaciones Exteriores (de El Salvador) expresa que se está en disposición de habilitar los canales necesarios para coordinar técnicamente los mecanismos de implementación de esta operación, garantizando su ejecución eficaz y segura, subraya la misiva.

Bukele, además, cuestionó a Maduro en ese mensaje en X: «¿Le pareció justo un intercambio de 30 por 1, pero rechaza ahora una propuesta equitativa de 1 por 1?, ¿No fue usted quien afirmó que haría ‘todo lo que fuera necesario’ para lograr la liberación de los venezolanos detenidos en El Salvador? ¿Quiere decir entonces que estaba mintiendo? ¿Fue un simple espectáculo mediático la recepción en Miraflores a los familiares de los detenidos?

NO PUEDE SER
Para estas deportaciones, la administración del presidente estadounidense Donald Trump invocó la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798, utilizada solo en tiempos de guerra, y que el régimen madurista tilda de anacrónica.

La aplicación de esa ley derivó en un choque de poderes entre la administración Trump y las cortes estadounidenses, mientras abogados de varios de los venezolanos deportados con ese mecanismo han negado las acusaciones de que sus clientes pertenecen a la banda criminal Tren de Aragua.


Abg. Felix Matos


Nueva guerra fría o paz calurosa?

 Cuando Rusia y China de manera interesada salen en apoyo y defensa de un régimen dictatorial como el venezolano, apoyado por el narcotráfico y el terrorismo internacional, en oposición a los Estados Unidos, algunos analistas están pensando que nuestro país pudiera ser la causa de una nueva “Guerra Fría” al comienzo del siglo XXI.

La primera, fue el conflicto entre las potencias triunfantes de la II Guerra Mundial que adoptaron sistemas políticos contrapuestos: EEUU y URSS. Hoy, es evidente el interés de Rusia y China (herederos del totalitarismo marxista) no por salir en defensa de un régimen fracasado y corrupto, sin interés ideológico para ellos, sino por desplazar a Venezuela en el mercado petrolero. Y en última instancia, por salvaguardar sus intereses por la gran deuda que un país en bancarrota tiene con ellos. 

Rusia, por ejemplo, se está beneficiando ampliamente de las sanciones que EEUU está imponiendo al régimen de Maduro y está exportando petróleo a ese país, tradicional mercado venezolano. Además, está metiendo la mano en la decaída producción venezolana para ver cómo se beneficia. Pero de allí a que estos países se enfrenten a EEUU en una nueva “Guerra Fría” hay un gran trecho. Rusia ya no es la poderosa URSS del siglo pasado en su apogeo militar y político. Hoy  es solo un país con ínfulas imperiales, pero con un PIB per cápita que deja mucho que desear, que solo remata lo que heredó de la vieja URSS. 

Por la ayuda interesada dada a Maduro, ya empresas rusas como Rosneft Trading han comenzado a recibir sanciones de EEUU que pudieran incrementarse y extenderse  a otras, hasta llegar a la empresa matriz. Será cada vez más difícil que inversionistas norteamericanos indispensables para proyectos rusos se hagan presentes. Por su parte, la recuperación de China dependerá de la reactivación de su comercio bilateral con EEUU, que es del orden de los 820 mil millones de dólares al año, proceso que pudiera verse afectado por la presencia inesperada del coronavirus. 

¿Va China a arriesgar todo ello, por defender al régimen de Venezuela? Además, ya China para dejar clara su posición con respecto a nuestro país, desde hace cierto tiempo había suspendido su crédito y compras de petróleo a Venezuela, así como sus planes de inversión. Solo le interesa cobrar sus deudas aunque sea con barriles de petróleo. Por todas estas razones, ni Rusia ni China van a rasgarse las vestiduras por el régimen de Maduro. 

Por ello, antes que una nueva “Guerra Fría”, lo que debería propiciarse con la ayuda de la Comunidad Internacional, es una “paz calurosa”, en la que Rusia, China y EEUU, en conjunto con los venezolanos, acuerden una salida pacífica a la crisis sin precedentes que vive Venezuela. En el país ya comenzó la cuenta regresiva de la dictadura. A ella se agregó también la India que no seguirá comprando petróleo venezolano para sus grandes refinerías. La dictadura ya no tiene dónde almacenar petróleo crudo, y ya no puede refinarlo internamente. Todo indica que el régimen perecerá ahogado en su  “oro negro”, mientras busca oxígeno en los negocios ilícitos del “oro de sangre” y las drogas.

Llegó entonces la hora de que el pueblo venezolano ejerza la soberanía manifestando sus aspiraciones y participando activamente en el fin del gobierno usurpador de N. Maduro. Solo así y con un nuevo CNE inobjetable, debe procederse en primer lugar a las elecciones presidenciales y en segundo lugar a la renovación del resto de los poderes públicos establecidos en la Constitución.

Únicamente de esta manera la libertad, la democracia, el Estado de derecho, la justicia, la República y el pluralismo político reaparecerán en nuestro país y será posible el desarrollo de la persona humana y el respeto a su dignidad, que debe ser el fin primordial de toda sociedad humana. Por todo ello entonces, rechazamos cualquier guerra, fría o caliente, pues solo requerimos una calurosa paz que haga posible la promoción de la prosperidad y el bienestar del pueblo venezolano.

Imperio y Reguetón

El mayor éxito cultural de América Latina (si se entiende por éxito y cultura los billboards de todo el mundo en la última década), es la esencia, el precipitado del más fiero imperialismo ideológico


 Con Trump en Washington nos toca a los países pequeños escoger imperio, decía este lugar en el artículo anterior. El menú imperial de hoy incluye a Estados Unidos y China; mañana a lo mejor Rusia y Europa también.


Así sea fatalidad caer en manos de un imperio, lo que siempre queda de libertad es la cultura, el pensar, el ser de cada pueblo. La eterna lucha entre la propia y la mentalidad colonial, un término que ya es de uso general (como en la imprescindible lectura Nuevo Mundo y Mentalidad Colonial de Rafael Tomás Caldera).


Sí se puede seguir siendo, aún entre cadenas, sean de oro o de acero. Hasta la provincia más pobre y periférica puede ser independiente en su corazón, como aquella Judea del comienzo de nuestra era frente al imperio romano; o como Polonia, que ni existía políticamente, descuartizada por las grandes potencias europeas por varios siglos; inclusive cabría preguntarse ¿cómo como México, Venezuela o Perú durante el Imperio español?


La pregunta es muy pertinente, porque lleva a las raíces de las que nació el proyecto que es, sin duda, el momento de máxima libertad política de Venezuela: la época de la gran Colombia, época que se prolongó, digamos con menos certeza, hasta 1848. Hasta mediados del siglo XIX, tuviésemos o no independencia política, éramos más nosotros que otros, menos coloniales que cuando Guzmán Blanco se vestía de mariscal francés o Gómez le entregaba Venezuela a Mr. Danger en concesión.


Mucho antes de Trump, la globalización ya producía un mundo culturalmente tan homogéneo, tan igualado, que este regreso a un mundo de varios bloques parece una reacción. La globalización produjo gigantescos beneficios: nunca antes en la historia humana tantos miles de millones de seres salieron del hambre y de la miseria, en China y la India sobre todo, y mejoraron tanto las condiciones alimenticias y sanitarias como entre 1990 y 2010. Pero también dejó atrás un imperialismo cultural mundial, que ha venido anulando pueblos y naciones dejando en su lugar a Karol G.


Karol G, el reguetón es donde la colonización de las mentalidades tiene su expresión más gráfica y evidente. El mayor éxito cultural de América Latina (si se entiende por éxito y cultura los billboards de todo el mundo en la última década), es la esencia, el precipitado del más fiero imperialismo ideológico. Un producto colonizador hecho en las mismas colonias, las más periféricas, para terminar de colonizarlos a todos.


El reguetón es sociológicamente fascinante. Sin melodía ni armonía, y un ritmo más simplón aún que el del disco, sin ningún artista de talla (¿Bad Bunny, quizás?), con letras más bien onomatopeyas o gemidos; se ve, se oye y se baila en Madrid, Moscú y Tokio por igual. Sobre todo se ve, es una música visual.


En los videos, letra, ritmo e imagen se repiten idénticos de una pieza a otra y podrían resumirse con una palabra: consumo, consumo puro y duro. La vida como mercancía, la misma mercancía. Al mismo nivel los cuerpos de mujeres, muchas para cada macho, los carros de lujo y las guayas (de oro, valga la redundancia) también muchos para cada uno. Una vida sencillamente inalcanzable, pero menos aún propia. Porque es la misma para todos, aunque ninguno la pueda vivir. No un ideal, sino un espejismo.


Ese imperio cultural ya nos conquistó, pero podemos liberarnos. Hay libertadores, se acaba de morir uno, Mario Vargas Llosa.

miércoles, 31 de julio de 2024

La Estrategia de MCM

 Análisis de la Estrategia de MCM para desenmascarar el Robo continuo q se había gestado en la Elecciones pasadas....



María Corina Machado ha demostrado que es una Mujer con mucha garra y valentía.

Pero más allá de eso, es extremadamente INTELIGENTE y extraordinaria ESTRATEGA.

Me explico;

Ella sabe que el gobierno ha hecho trampa en los últimos tres procesos electorales.

Existía la sospecha, pero no había forma de probarlo.

El CNE tramposo, con Tibisay a la cabeza amañaba los números y la cosa no pasaba de "patadas de ahogado" por parte de la oposición.

Así nos robaron las tres últimas elecciones.

María Corina, siempre mantuvo su tesis de trampa, desde sus tiempos de SÚMATE.

Así que ideó una estrategia para demostrarlo.

Solo necesitaba unas elecciones y un candidato (sin importar quien fuera ese candidato, lo importante es que cubriera todos los aspectos legales), para que el CNE y el gobierno en su afán de bañarse de "legalidad" accedieran a medirse.

Ellos montaron toda su farsa, confiados que todo saldría igual que las veces anteriores. 

MCM entrenó a TODO su equipo para cubrir cada aspecto y resguardar cada prueba, por eso la insistencia de Hasta el Final.

El CNE cuidando las apariencias, dejó que el proceso transcurriera con normalidad. Hasta el momento que comenzó la trasmisión de los resultados, MCM insistía que la gente debía quedarse hasta el conteo, y los testigos debían asegurar las ACTAS, allí estaba la Gran Estrategia.

Cuando el CNE cayó en cuenta que los números que estaban llegando, superaban ampliamente a Nicolás, suspendieron la trasmisión (después el inefable Tareck saldría denunciando "sabotaje contra el cable").

Viéndose superados ampliamente, inventaron el "acta servilleta" con errores terribles.

Pero ya era tarde. 

En la estrategia estuvo un elemento que el gobierno y sus tramposos nunca vieron venir. Una ingeniero  estaba en la sala de totalizacion en representación del "candidato de relleno" Enrique Márquez (otro elemento del disfraz de legalidad que el CNE aceptó).

Esta ingeniero fue testigo de excepción y denunció que el CNE suspendió la trasmisión, que nunca imprimieron el acta número 1 con la totalizacion y que los números eran 70 a 30 a favor de Edmundo.

La estrategia estaba perfectamente ejecutada, ya el Comando de la Unidad, tenía en su poder, el 73% de las actas y su prueba de la paliza que recibió Nicolás.

Por eso, mientras el país entero escuchaba al tramposo amoroso decir unos números errados que nadie podía creer, el equipo de MCM seguía trabajando a brazo partido toda la noche para recabar y resguardar las pruebas que necesitaba el mundo para creer lo que tantas veces se dijo:

El gobierno y el CNE tienen años estafando a los venezolanos. 

Es por eso que mientras el gobierno no tiene nada que celebrar y recurre a sacar a sus delincuentes tarifados (colectivos) para sembrar el terror., MCM mantiene la calma, llama a la tranquilidad y le demuestra al mundo, pruebas en mano, que el CNE y el gobierno montaron un fraude descomunal.

Se les cayó la máscara, son unos delincuentes y las pruebas son irrefutables.

Esas pruebas, ya están en manos de la OEA y varios países aliados, las cartas están echadas, el mundo no tiene como hacerse la vista gorda, ya tienen la PRUEBAS que pedían.

María Corina Machado es una Mujer Excepcional y sé ha ganado un puesto muy alto en la historia política de Venezuela y el mundo.

Abg Felix Matos                                                    



jueves, 25 de julio de 2024

Venezuela libre ¡Enhorabuena!

 


Tras caer en desgracia y perder el progreso durante todo el primer cuarto de siglo XXI, la nueva Venezuela libre está por nacer. El Castro-comunismo que exitoso se apoderó del gobierno y con su complicidad del país y sus riquezas, no pudo sin embargo esclavizar al Bravo Pueblo que el yugo lanzó. Por eso hoy cuando asistimos al alumbramiento de la nueva Venezuela libre, la realización de un país mejor recae en la firme determinación de la mayoría de venezolanos por recobrar la libertad, la democracia y el estado de derecho. Contra ese objetivo aún existiendo poderosos intereses foráneos e internos que respaldan al opresor, el interés nacional se impondrá.


Mientras, el tiempo transcurre y el progreso del parto de la nación sucede rápidamente. Después de la larga y oscura noche de la tiranía, la luz del sol de la libertad resplandece ya en el horizonte cercano. Alistándonos para una nueva etapa de vida republicana, los venezolanos dejaremos atrás el pasado reciente y sus tinieblas, para construir la nueva Venezuela, libre y democrática. En ella los venezolanos nunca más dejaremos que yugo alguno externo, interno o mixto nos domine. Nada ni nadie en el futuro nos arrebatará nuestros derechos y atenderemos los deberes ciudadanos para el mejor funcionamiento del nuevo país que así lo exige.


Ante esta perspectiva inmediata y esperanzadora, es de advertir que los cambios que el país requiere son de tal magnitud que tomarán tiempo y trabajo, pero sobre todo determinación. En lo político, la vuelta de la democracia demanda justicia no impunidad, por lo que las cuentas pendientes primero que nada deben ser ajustadas, resarciendo a las víctimas y enjuiciando a los victimarios violadores de derechos humanos, a los peculadores, despilfarradores y saqueadores de la Hacienda pública, como a los depredadores del ambiente y los recursos naturales. Los militares y policías deberán volver a sus cuarteles, subordinados al poder civil, sin prerrogativas distintas como cualquier ciudadano, y nunca más ser utilizados abusivamente ni dejarse utilizar, en respaldo de ningún partido o ideología política como hasta ahora, formando parte de un régimen autoritario cívico-militar-policial, del todo anticonstitucional.

Simultáneamente deberá atenderse lo económico sin lo cual intentar resolver lo social no es posible. La debacle actual exige retomar la autopista del crecimiento y desarrollo. El país dependiente del petróleo como fuente primera de los ingresos nacionales, debe diversificar la economía. La seguridad alimentaria se sostendrá mayormente en nuestra agricultura, no en los puertos. El trabajo y el estudio serán la base del sustento y progreso, proscribiéndose el clientelismo y la demagogia que tanta miseria y atraso causan. Para proteger la Hacienda, la cuentas públicas en adelante deberán ser transparentes, los funcionarios honestos, y la burocracia oficial reducida al mínimo necesario. Venezuela libre en definitiva del Castro-comunismo y de la influencia perversa de los países y agentes del Eje del Mal, renacerá soberana en su II Independencia desde que hace dos siglos la libraron del yugo colonial español, nuestros heroicos libertadores. ¡Enhorabuena! Ciertamente como escribió Carlyle: “resucitar un heroímo del pasado no es empresa fácil”.