lunes, 23 de julio de 2018

¿A dónde vamos?

Estamos en un momento crucial. Un caos generalizado como consecuencia de una política económica absolutamente extraviada de toda lógica, que avanza como kamikaze a su autodestrucción está acompañada de una demanda y expectativa de liderazgo y conducción política que aún no es cubierta por ningún actor, simplemente porque cada uno por su lado nunca lo podrá lograr.

Y mientras todo esto sucede, los sectores gremiales y sociales de manera decidida afirman estar dispuestos a darlo todo porque "ya no hay nada que perder" o como me dijo ayer Ana Rosario Contreras, dirigente de las enfermeras que hoy son ejemplo de lucha para todo el país: "sé que pueden intentar quebrarme, pero eso no me detendrá porque la lucha es por un país, no es por una persona, mi familia lo sabe."

Sin embargo, la necesidad de articular todas las luchas es urgente. El sector eléctrico con una justa lucha salarial tampoco podrá sólo, si no comprende que el problema de las enfermeras, los médicos, los docentes, los petroleros, se basa exactamente en el mismo elemento: la política económica empobrecedora que sólo alimenta a los corruptos y destruye el aparato productivo que va quedando.

Es el gobierno de Maduro y la kakistocracia madurista la culpable, pero la lucha no sólo es por la salida del gobierno, sino por la necesidad de confiar en una alternativa que dé garantías de que podamos salir de la crisis sin impunidad de los responsables, normalizando la economía.

Es por ello que el medio que se debate hoy para profundizar la lucha reivindicativa para que adquiera sentido político y permita emerger nuevos liderazgos parte de las luchas concretas, que en suma hoy están empujando a un paro de facto de la mayoría de los sectores económicos y sociales del país. Es tan así que la realidad es que ni siquiera hay transporte para que los trabajadores lleguen a sus puestos de trabajo.

Sin embargo, profundizar el paro hoy, con condiciones objetivas pero sin las condiciones subjetivas de quienes tienen en su mano definir este paro a nivel nacional, además de las consecuencias que eso trae, obliga a pensar en un paso previo, una jornada de huelga nacional de 8 horas laborales, acción consagrada como derecho en el artículo 97 de la Constitución, para lo cual se debe generar una urgente consulta de todos los sectores de la vida nacional, y así entiendo que el Frente Amplio Venezuela Libre lo anunciará
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¿Una jornada de huelga nacional para qué?

A diferencia de la deriva jurídica de una huelga en Venezuela, la huelga es la protesta previa a un paro, aunque en nuestro país el valor de los conceptos está invertido, sin embargo, sin hacer punto de honor conceptual, huelga o paro, hoy el país demanda una acción para la unificación de las fuerzas, para la coordinación de acciones y para la definición de la conducción política en función del restablecimiento de los derechos de los trabajadores y en general para el restablecimiento del orden constitucional.

¿Y el día después qué?

Amaneceremos organizados, más fortalecidos, con un gobierno más debilitado y obligado a ceder, a tener que dar un paso atrás, mientras nuevos sectores políticos, sociales e incluso militares tendrán que pensar cómo integrarse a la lucha. El día después será el primer día de una nueva etapa en la lucha, con la fuerza necesaria para planificar una nueva acción aún más contundente.

viernes, 16 de febrero de 2018

Posible invasión de EUA a Venezuela

Para mí el chavismo murió con la muerte de Chávez. Lo que existe es una disidencia chavista. Ni siquiera tenemos textos escritos con fundamentación epistemológica que nos expliquen sobre lo que fue el chavismo. Ya algunos saldrán a hablar que si el "plan de la patria" o tal o cual documento. El marxismo tiene El Capital y Adam Smith escribió sobre el liberalismo económico ¿Quién puede hablar qué es el chavismo? Sobre esto he dicho que lo único que nos deja el chavismo es un movimiento de masas con arraigo popular y mucho sentido nacionalista que lamentablemente se diluyó con el fallecimiento del líder. El eminente profesor y amigo Heinz Dieterich escribió sobre El socialismo del siglo XXI, pero también nos ha dicho que Maduro abolió por completo el proyecto original de Chávez.

A partir de allí, surgió el madurismo como forma neototalitaria por controlar y mantener el poder, y de eso hemos venido escribiendo bastante. Maduro y su claque aplicaron todas las perversiones posibles en la destrucción de un Estado y su constitución. La sujeción del pensamiento único se está intentando instaurar en las escuelas y liceos. Los sectores populares están muy empobrecidos y cruelmente maltratados por la crisis. El madurismo sólo utiliza la imagen de Chávez como forma de propaganda política, pero en la praxis hace todo lo contrario al pensamiento del líder.

El madurismo obliga a la población y empleados públicos para que asistan a sus concentraciones. Chávez era un aluvión por donde pasaba. Sólo bastaba decir que estaría en determinado sitio para ver la manera espontánea en que se desplazaba un pueblo, incluso más allá de las fronteras venezolanas. El madurismo ha aplicado un perverso programa económico que ha hecho vivir a los venezolanos una hiperinflación terrible en el plano social. Chávez teniendo el barril del petróleo en 7 dólares cuando llegó al poder, o ser objeto de un golpe de Estado, una auténtica guerra económica y paro petrolero entre 2002 y 2003, los venezolanos no vivimos una crisis de esta magnitud, sino por el contrario se vivieron picos de prosperidad y reducción de la pobreza entre 2005 y 2012.

La mayoría del pueblo rechaza a Maduro, y la mejor prueba de ello es ver a los sectores más humildes huyendo de la dictadura que agobia a Venezuela por el norte, el sur, el este o el oeste. Sólo habría que echarle un vistazo a la frontera con Brasil, Colombia o islas vecinas para ver que las personas que emigran no son precisamente oligarcas ni millonarios, es el pueblo pobre que ha sido totalmente destruido por quien se autodenomina "hijo de Chávez".

Hace unos días escribí en Venezuela desde el portal Aporrea un artículo al cual titulé: ¡Maduro saldrá en menos de 10 días del poder! Ese texto generó un debate inmenso en el país y conmocionó a la clase política madurista. Coincidencialmente, al otro día fueron tomados por la guardia nacional todas las grandes, medianas y pequeñas cadenas de centro comerciales, supermercados y mercados populares. Tal vez muchos lo comprendieron como si textualmente estaba pronosticando la salida de Maduro de Miraflores en ese período de tiempo, pero el centro de esos 10 días se inician en el momento en que se desencadene de manera espontánea, una gran protesta nacional de todos los sectores de la población por la terrible crisis que vivimos.

El adelanto de las elecciones responde ante lo que está por venir, y el madurismo lo sabe. Esa es la razón por la cual intentan posicionarse ilegítimamente del poder. La verdad es que cuando llegue ese día de protesta nacional originado por los sectores populares, Maduro no resistirá más allá de 10 días con el control político, aunque sea un día después de cualquier elección fraudulenta, porque tendría que masacrar a un pueblo, y nuestra fuerza armada, esa que está apartada de la cúpula militar controlada por Vladimir Padrino, (quien tiene a su familia viviendo en el exterior), es decir, el pueblo uniformado, como decía Chávez, esa oficialidad y tropa es la que vive en el corazón de los sentimientos de la gente.

Se avecinan días de mucha trascendencia para Venezuela, pero sobre todo la incertidumbre y quiebra económica atentan contra Maduro. No habrá bono que valga, ni "carnet de la patria" que le apoye cuando absolutamente nada pueda comprarse con el pulverizado bolívar, y ese día está cada vez más cerca.

Para salir de la crisis se requiere, una vez que Maduro haya abandonado el poder, la construcción de un gobierno de unidad. Tenemos una excelente Constitución y un marco jurídico que debe ser reformado. Hay que crear un plan económico serio y creíble, como por ejemplo similar al Plan Real que aplicó Cardozo durante su presidencia en Brasil y ampliado con las políticas que posteriormente generó Lula Da Silva en Brasil.

Venezuela debe recuperar su industria petrolera, reencontrar cauces en su alicaída agro-industria, y abrirse al capital nacional e internacional con reglas claras que respeten los derechos no sólo empresariales, sino laborales y sociales vapuleados por este gobierno de Maduro que se hace llamar "socialista. Sólo así podremos salir de este trance hacia el corto, mediano y largo plazo.

En consecuencia, una cosa es ser nacionalista y otra vivir con una xenofobia política contra los Estados Unidos. Y esa ha sido la política madurista, e incluso que tuvo Chávez mientras estuvo en el poder. El madurismo es hipócrita cuando nos habla de soberanía pero entrega nuestros espacios petroleros y de explotación minera a las transnacionales rusas, chinas, canadienses u otras, sin el mínimo respeto sobre las normas ambientales y laborales, y peor aún, permitir el acceso de cubanos en áreas estratégicas de control político y militar en el país.

Donald Trump no es precisamente el mejor presidente que haya tenido la nación estadounidense, y es probable que sea el tipo más soberbio y egocéntrico que ha pasado por la Casa Blanca, razón por la cual, el madurismo subestima que exista una posible intervención contra Venezuela, ignorando que la materia geopolítica no puede tratarse como si quienes no comparten mis ideas en el plano internacional fueran un albañal de desechos sólidos.

Es mentira que China o Rusia van a declararle la guerra a Estados Unidos, si éste decidiese de manera remota y unilateralmente invadir nuestro país, con todo y el derecho a veto que tienen esas naciones en caso de que el tema llegara al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Como venezolano rechazaría cualquier intervención de potencia extranjera sobre Venezuela, pero también debo rechazar que bajo ese argumento, Maduro destruya a la nación e imponga un régimen neototalitario y empobrecedor. Es tácito. Ni una cosa ni la otra, pero los venezolanos no seremos responsables, sí mañana la torpe conducción del país genera un conflicto extraterritorial, al desafiar a todos los vecinos y convertirse en una permanente confrontación política que sólo genera problemas de desarrollo social, en especial con las naciones que rodean a Venezuela.

Por ahora, considero que el gobierno de Trump le está haciendo advertencias a Maduro para que regrese al camino de las normas constitucionales, pero además abandone esa diplomacia jíride que le ha caracterizado en los últimos años. ¿Volverá Maduro al carril de la democracia? Realmente lo dudo. Por ello, sólo esperamos que cuando se inicien los últimos días del madurismo en el poder, la sangre no llegue al río. Amanecera y veremos...

No es en contra de Venezuela

Una de las argucias más abusadas por las hegemonías despóticas, es el tratar de confundir una parte con el todo. En este caso, Venezuela es el todo, y el poder que la destruye es una parte –importante por su infinita capacidad destructiva, pero una parte-. Sin embargo, cuando Maduro y los suyos se refieren a las denuncias, críticas, sanciones o condenas que reciben del exterior, siempre alegan que son denuncias, críticas, sanciones o condenas en contra de Venezuela… Mentira. Son en contra de ellos, Maduro y los suyos, y por razones más que merecidas.

Cuando el gobierno de otro país emite una declaración oficial que retrata a Maduro tal cual es, eso no va dirigido a minusvalorar al conjunto del país. Eso no es en contra de Venezuela. Más bien todo lo contrario. Porque lo que es favorable a Maduro es perjudicial para la nación, y lo que es desfavorable para Maduro es auspicioso para la patria. Claro que los propagandistas de la hegemonía no piensan ni operan de esa manera. Para ellos es vital el principio de manipulación política que pretende utilizar al país como un escudo para amparar los desmanes, diríase mejor, los horrores de los jerarcas del despotismo.

Las solicitudes de extradición de corruptos rojo-rojitos (y ni tan colorados), que están formulando algunos gobiernos, o el encarcelamiento de varios de éstos, o las causas judiciales abiertas y en desarrollo en medio mundo, o las investigaciones de fiscalías independientes, o la activación de los procesos penales previstos en los tratados y tribunales internacionales, no son iniciativas para hacerle daño a Venezuela. Al revés. Son iniciativas para impulsar la justicia ante los graves crímenes que tantos capitostes han perpetrado –dentro y fuera del país, así como también para hacer justicia por los crímenes de sus adláteres y testaferros. Eso honra a Venezuela, porque demuestra que el país no está abandonado en el concierto internacional, y que la obscena impunidad que reina dentro de nuestras fronteras, no tiene vigencia más allá de las mismas.

Las sanciones de carácter patrimonial y migratorio que algunos países han impuesto en contra de figurones civiles y militares del régimen, tampoco son en contra de Venezuela. Al fin y al cabo, Venezuela como nación histórica no es el autor material o intelectual de tantos y tantos delitos en desmedro de la cosa pública o violatorios de todas las categorías de derechos humanos. Los autores son personas con nombres y apellidos, con responsabilidad personal, aún cuando la responsabilidad política sea connatural a la hegemonía despótica, depredadora, corrupta y envilecida, de la cual forman parte esos figurones.

También en contra de la hegemonía hay sanciones de diversa índole, tanto políticas como económicas. No puede ser de otra forma en una comunidad internacional que se rija, al menos básicamente, por las normas suscritas en los acuerdos de alcance global. No se trata de bravuconadas de alguno que otro dirigente extranjero –lo cual, sin duda, no se podría desconocer-. Pero eso es secundario y hasta anecdótico. El meollo del asunto está en que la depredación de divisas extranjeras, el amparo de la criminalidad organizada, la brutal violación de los derechos humanos, comenzando por el derecho a la vida, el desprecio a todos los principios efectivos de una democracia, entre muchas otras realidades, ya no pueden pasar por debajo de la mesa de la complicidad foránea.

Y menos todavía cuando el pueblo venezolano agoniza en una catástrofe humanitaria en medio de una bonanza petrolera, lo que inculpa más gravemente al poder establecido. No. Venezuela no es Maduro. Es más, para que Venezuela tenga un futuro digno y humano, Maduro y los suyos no pueden continuar derruyendo al país hasta sus propios cimientos.

martes, 13 de febrero de 2018

No es tiempo de elecciones, sino de rebeliones!

Por primera vez en la historia latinoamericana el mundo entero apoya abiertamente la caída de un régimen genocida. Los gobiernos alrededor del planeta han rechazado las aceleradas elecciones fraudulentas convocadas por la Asamblea Narco Castrista. El Parlamento Europeo aseguró que sólo reconocerá elecciones en Venezuela si son en “condiciones justas, CNE imparcial y sin inhabilitados políticos”. ¡na'guara! Este 22 de abril los venezolanos debemos demostrar al mundo que estamos en contra de la dictadura, pero no es votando, sino ¡TUMBANDO!, ¡no son tiempos de elecciones, sino de rebeliones!

Ledezma denunció que: “el Gobierno genocida de Maduro deja morir a los venezolanos”. Esto es tan palpable que los países fronterizos están en emergencia atendiendo a los miles de venezolanos que no encuentran atención en su propio país y Tuto Quiroga tuvo que afirmar que: “la solución al éxodo es sacar del gobierno de Venezuela al colombiano”. Mientras tanto el narco-terrorismo de Venezuela rechaza la grosera “asistencia técnica y humanitaria de EEUU ante la crisis migratoria”. Aunque la gestión de Maduro sea reprobada por más del 75% de la población, el PSUV pretende que hay que reelegir al culpable de nuestras desgracias.

La fiscal usurpadora Tarek intenta por todos los medios decir que “Maduro no autorizó el uso de armas de fuego” pero la realidad la vivió Óscar Pérez y sus amigos en la masacre más despiadada que se haya visto en la historia. En Venezuela las violaciones de derechos humanos no sólo son política de Estado, sino que se promueve la maldad: Josneidy Castillo fue ascendida como teniente de la Guardia Nacional (GN), en reconocimiento a la salvaje golpiza que le propinó a la ciudadana Marvinia Jiménez, ¡hecho en Socialismo! ¡PLOP!

El senador norteamericano, Marco Rubio, aseguró que, “si las Fuerzas Armadas de Venezuela decidieran proteger a la gente y restaurar la democracia, éstos serían apoyados a nivel internacional”. Sin titubear, Rubio afirma que: “apoyaremos a las Fuerzas Armadas de Venezuela si defienden su país”. Pero aquí no podemos esperar por más nadie, la solución es actuar con fuerza en las calles, cada día tumbar los símbolos de la dictadura: ¡imagen de Maduro y sus secuaces, es imagen que debe ser derrumbada!

El hecho que la Corte Penal Internacional empiece a investigar a los funcionarios del país debe ser un motivo de:

1) Temor para el régimen, pues queda en evidencia que estos crímenes ni pasaron desapercibidos ni tampoco prescriben.

2) Vergüenza a toda la dirigencia política opositora, que quedan en evidencia ante la enorme ineptitud en tumbar una cruel dictadura.

3) Esperanza a todos los venezolanos, aunque la realidad es que esto puede tomar varios años.

Muchos de esos politiqueros salen ahora preguntando “¿pero que podía hacer yo?” o “pero ¿qué quieres tu que yo haga?”. O sea, esos que quieren ocupar los cargos de liderazgo no tienen idea de cómo tumbar la dictadura y se han quedado de brazos cruzados, sencillamente esperando por un milagro. Salvo pocas excepciones sólo hay una quejadera constante, que no resuelve nada. Tan vergonzosa es la diligencia opositora que Marcos Rubio les tuvo que recordar lo que dijo el Libertador: “cuando la tiranía de hace ley, la rebelión es un derecho”.

Hay una luz al final del túnel, pero pasaremos sólo si luchamos juntos. No podemos permitir que la apatía de adueñe de nuestras esperanzas. La lucha sigue .... nuestra madre tierra nos llama con dolor: ¡hijos de Venezuela no la dejemos abandonada!

Lo importante es que la presión del pueblo, la presencia en las calles debe seguir, aumentar e intensificar. No podemos quedarnos callados. Los venezolanos debemos unirnos, sin importar el pasado, porque lo que debemos superar es el presente para luchar por un mejor futuro. Aquí todos somos necesarios, afuera y adentro: ¡todos pidiendo la injerencia humanitaria!

A todos los militares y sus familias: deben tomar la decisión de tumbar la tiranía, o ser juzgados como traidores a la patria. Pueden ser parte de un pueblo que lucha por la libertad, o ser condenados por el resto de la historia como unos miserables cobardes.

La MUD puede escoger entre tumbar la dictadura o sumergirse en el lodo de su incoherencia politiquera. Dios los juzgara por su cobardía, mientras tanto, entre todos, con furia: ¡abajo la dictadura! No, nos cansemos. Calle Y Lucha...

sábado, 3 de febrero de 2018

Estamos Secuestrados...

Pareciera que los venezolanos hemos perdido el país, y que ahora estamos secuestrados dentro del pais por una banda de socialistas organizados.

Muchos sentimos que nuestro país ha sido secuestrado por una clase política que actúa como una mafia organizada que lo controla todo, ocasionando esta profunda crisis económica, política y social que estamos padeciendo.

Muchos de nuestros gobernantes estan identificados por su lucha por sostenerse en el ejercicio del poder, muchos inmersos en escandalosos hechos de corrupción; generando un profundo daño a los venezolanos que hoy vivimos sin calidad de vida, con una sociedad que ha involucionado en su desarrollo.

Las consecuencias se originan por una corrupción gigantesca en las estructuras gubernamentales, a todos los niveles del estado; por el mal manejo de los fondos públicos, repercutiendo con daños profundos en el presente y futuro de nuestra sociedad.

El sufrimientos por la profunda crisis económica, política y social, se ve reflejado en una económia con precios dolarizados y ingresos en bolívares, que genera un descomunal desbalance en la economía ciudadana, familiar e institucional, y en la quiebra del país.

La salud, la educación, los servicios, la comida, las instituciones, la infraestructura; todo fue secuestrado y los resultados son catastróficos.

Por lo general, el común de los ciudadanos, que cometen delitos menores son atrapados y van a la cárcel. Sin embargo, el delincuente de cuello rojo, por lo general, está amparado por la “justicia” venezolana, en manos de fichas del partido oficial de gobierno, PSUV. Por lo que nunca conocerán la cárcel, ni el castigo por sus fechorías.

Nuestras leyes ya no sirven para hacer justicia contra quienes nos gobiernan, porque estas mafias han creado un estado paralelo a la constitucion y leyes de la republica, y no contamos con instituciones autónomas que hagan respetar el imperio de la ley e impongan el estado de derecho.

Esto explica el porqué muchos de nuestros dirigentes socialistas y revolucionarios, de la noche a la mañana terminaron convirtiéndose en millonarios y, probablemente, no tendrán que trabajar nunca más, a diferencia de los “ciudadanos secuestrados por la revolución”, a quienes se nos impone más sufrimiento para que la nueva casta de políticos rojos rojitos, que estan llegando al poder, también se hagan millonarios como muchos que ya lo hicieron, con consecuencias muy críticas de hambre y miseria para la mayoría de venezolanos, que apostamos a una venezuela diferente.

Estamos en un año electoral muy importante para el futuro del País, un año donde se debe elegir un nuevo Presidente de la República, pero sin dudas que la crisis nos convoca a salir adelante en la lucha unitaria por el cambio en Venezuela, siempre y cuando existan las garantías necesarias y un nuevo CNE constitucional. De lo contrario, nunca será posible por la vía democrática salir adelante y superar la actual crisis que estamos viviendo

martes, 23 de enero de 2018

Recordando el 23 de Enero y mas...

“Recapitulación” es el término con el que Pablo, en su Epístola a los romanos, designa el traer lo olvidado a la memoria, al presente, a la actualidad, a la acción. La puerta de entrada a la comprensión del tiempo mesiánico; aquel en el que el pasado, el presente y el futuro se funden para permitir la parusía, la vivencia del reino de Dios. Aquel que debemos alcanzar con la máxima urgencia “en el tiempo que resta”. El tiempo en el que estamos. Ahora mismo.

Los recuerdos pues, guardando las debidas proporciones y distancias, el 23 de enero es, para nosotros los venezolanos, un acontecimiento mesiánico, esencial, históricamente determinante. Que fuera echándose al olvido mientras avanzaba la disolución, la disgregación y el debilitamiento de nuestras raíces. Allí y entonces nacimos a la vida de la Venezuela que aspirábamos ser. A la Venezuela que quisiéramos revivir. Que debemos recapitular, vale decir: sacarla del olvido en el que espera en potencia, para encontrar en él las señales de un nuevo tiempo. En términos también paulinos, “la salvación”. Pues el reino de Dios es el reino de la Libertad, de la reconciliación, del reencuentro, de la felicidad, del amor. No el tiempo de la tiranía, de la traición, del asesinato, la masacre y el olvido.

Y creo necesario establecer las debidas comparaciones, pues el 23 de enero, aún siendo ejemplar y emblemático como fecha de encuentro del pueblo venezolano con su vida en libertad, en plenitud democrática, es ontológica, existencialmente distinto a la situación que hoy vivimos, sin duda una crisis incomparablemente más grave y definitoria que la que estallara aquel 23 de enero de 1958, hoy hace sesenta años.

Ni la dictadura militar de Chávez-Castro-Maduro es comparable a la de Pérez Jiménez, ni la MUD y los partidos que la integran, especialmente AD, eje y clave de la liberación alcanzada aquel día, es comparable a la Junta Patriótica y sus partidos. La dictadura de Pérez Jiménez era inmanente a la Nación, jamás socavó las bases de la República y fue de naturaleza estrictamente político institucional, venezolanista. Fue, como lo fueran todas las dictaduras hasta la aparición de los totalitarismos modernos, una dictadura comisarial: sin afanes totalitarios ni de intenciones devastadoras, escatológicas, auto mutiladoras. Venezuela pudo transitar desde la dictadura a la democracia sin traumas, fracturas existenciales ni hiatos. Exactamente como la de Augusto Pinochet respecto de la tradición republicana chilena. Fue una dictadura modernizadora que no tocó los fundamentos estructurales del sistema. Salir de ella no supuso poner el país de cabeza, sino emanciparlo democratizando su vida orgánico política. Dándole un nuevo sujeto histórico: el pueblo en su heterogénea y múltiple configuración. Por primera vez en nuestra historia, auténtico protagonista de nuestra vida política.

La dictadura castrocomunista que hoy enfrentamos es, muy por el contrario, una dictadura devastadora, que se propone liquidar lo real que nos fundamenta y entregarnos a las fuerzas de la disolución, el rencor y el odio. Así como a la desaparición del Estado, la cultura y la civilización que nos caracteriza. Vaciar al país de todas sus instituciones, tradiciones, usos y costumbres. E implantar un régimen totalitario de partido único, policiaco, tiránico, estrangulando al pueblo y su vida política. Conglomerados empobrecidos, arruinados, esclavizados y ruines. Como lo son Cuba y Corea del Norte. Formas momificadas de vida social, petrificadas y desalmadas bajo un Estado que hambrea materialmente y coarta toda posibilidad de desarrollo espiritual autónomo e independiente, liberal y productivo. Esclavismo moderno.

Se agrega a ello la naturaleza hamponil, criminal, pandillesca de los factores de Poder y el uso que dichos factores hacen del Estado, castrado en todas sus potencialidades sociales y convertido en escenario de la lucha entre pandillas por la apropiación de la riqueza. Militarista, represor, terrorista y narcotraficante. Un Estado propiamente forajido.

No lo fue bajo la dictadura de Pérez Jiménez. La suya fue, en más de un sentido, una dictadura ilustrada, que contó con el auxilio y la asesoría de intelectuales de primer rango y que, a pesar de su naturaleza autocrática y autoritaria, represiva y criminal, en lugar de devastar a Venezuela la convirtió en una potencia regional. Exactamente como la de Pinochet y sus fuerzas armadas.

Tampoco la oposición ni los partidos de su tiempo resisten la menor comparación con la MUD y sus partidos. Para sólo referirme al caso de Acción Democrática y el rol jugado por su máxima autoridad, Rómulo Betancourt, en la resolución de la crisis de excepción que entonces se vivía, quisiera citar parte de una carta del 21 de mayo de 1957, dirigida a Carlos Andrés Pérez y a Luis Augusto Dubuc, en la que define el imperativo político existencial de la circunstancia y su propio papel en los sucesos futuros: “He tenido algún trabajo en estos años y rumiado mucho desagrado; sobre todo, ando con el reconcomio de haber sido víctima, o cómplice, de una serie de presiones, desde el interior del país, y desde el exterior; para haber dejado de cumplir con el deber de hacerle la revolución a esta gente. Lo que está haciendo Fidel Castro, y con mucho más éxito, debí hacerlo yo en 1950; y deberemos hacerlo en 1957, si no hay elecciones libres…Es más: si en el 57 o comienzos del 58 no hay solución al problema venezolano – evolutivo o a la brava – no nos quedará otro camino sino el de ponernos un bozal, y no hablar más en el exilio de los atropellos, etc., de aquella gente. Por propio respeto, tendríamos que callarnos definitivamente.” (Rómulo Betancourt, Antología Política, Volumen Sexto, Pág. 619, Caracas, 2004).

Es, sin lugar a dudas, la sagrada palabra de un líder mesiánico dispuesto a dar su vida por salvar a Venezuela, desalojar “a esa gente” por las buenas o por las malas, pacífica o insurreccionalmente, e instaurar una régimen democrático, un estado de derecho en Venezuela. O cerrar la boca. No se planteó entonces ni se plantearía jamás la falsa disyuntiva entre “votos o balas” con la que la actual dirección de lo que ha devenido su partido ha evadido sistemática y metódicamente enfrentarse a la dictadura, desalojar al régimen, iniciar la transición y reconstruir el dañado tejido social, político y económico de Venezuela.

El franco y abierto rechazo que encontrara Fidel Castro cuando viniera a Venezuela, ya electo Rómulo pero aún sin haber asumido el mando, es la otra cara del 23 de enero: su liderazgo asumiría una vía liberal democrática absolutamente reñida con el socialismo y con cualquier forma de dictadura. Ya fueran de derechas o de izquierdas, anti imperialistas o pronorteamericanas. Un régimen de derecho dueño de su destino y su soberanía, impermeable a la traición de sus fuerzas armadas y la entrega de su soberanía.

Y para definir al gran protagonista de la jornada, las Fuerzas Armadas, ellas estaban imbuidas de un espíritu nacionalista y patriótico, vertical y disciplinado, profesional y estamentario. La antípoda de las actuales fuerzas armadas, sin cuyo interesado, mezquino y mercantil respaldo, incluso al precio de su descomposición ética y moral, el castrocomunismo jamás hubiera alcanzado el Poder en Venezuela.

¿Vale la conmemoración de los Idus de Enero de paradigma, ejemplo y modelo de acción para las actuales generaciones? Sin la más mínima duda. Sin el componente militar, armado y dispuesto a librar otra batalla por la libertad de nuestra Patria haciendo uso de todos sus medios, ni el pueblo en las calles sirviendo de palanca insurreccional del desalojo, difícilmente podrán removerse las rémoras que nos atan al castrocomunismo. Recapitular las gloriosas acciones del 23 de enero puede volver a confrontarnos con nuestras obligaciones, como lo hiciéramos ejemplarmente en el pasado. Es la ruta. No parece haber otras...

El terrorismo termino con la política

Quise tiular distinto – “La degradación de la política en Venezuela” – y me corregí, pues ver degradada la política supone que algo de ella sobrevive. Algo puede hacerse entre sus actores actuales, concertando éstos, para revalorizarla como “elevada forma de caridad”, según las palabras de Joseph (Benedicto XVI) Ratzinger.

Luego de los hechos recientes – otros anteceden a las ejecuciones extrajudiciales de Oscar Pérez y sus compañeros por órdenes de la dictadura, realizadas con saña cainita – sólo resta ira popular, ahogo, impotencia, dolor que duele mucho al ser silencio, miedo colectivo que se confunde con un desbordamiento de odios.

Ello podrá superarse si de las víctimas: incluidas las de la hambruna, satisfechas en sus derechos a la memoria, la verdad y la justicia, surge algún sosiego que les permita restablecer los lazos de confianza hacia los otros, entre sus compatriotas, en la idea bienhechora del Bien Común.

Luego de la Masacre de El Junquito no queda en pie nada de la política. Ni siquiera puede señalarse que han ocurrido nuevas violaciones agravadas de derechos humanos bajo el oprobioso régimen de los causahabientes de Hugo Chávez – los Maduro-Flores, los Cabello-Carvajal, los Tarek, los Rodríguez, sus respectivos sicarios – como consecuencia de una política de Estado.

No hay política donde medra el terror, donde hace cuna el terrorismo desde el Estado; pues ni siquiera cabe hablar de “terrorismo de Estado” en Venezuela, pues alude a los restos de alguna institucionalidad que se sostiene. Ni siquiera existe, en la práctica, la Asamblea Nacional.

El país que fuimos es ahora una colcha de retazos, es anomia pura, suma de víctimas.

Hemos mudado en individuos aislados y huérfanos, arrastrados por la angustia vital. Pisamos un territorio que nos quema las plantas de los pies. No nos reconocemos socialmente ni reconocemos a este bajo el diluvio de violencia impúdica que lo anega. Es irracional, pues carece de propósito político. No es guerra que cuente con partes beligerantes. Es la maldad que azota y sólo la explica el terrorismo, como forma y modo de vida.

Causar terror, con actos susceptibles de expandir sus efectos psicológicos sobre la masa, para así fracturarla, envilecerla, destruirle todo lazo de afecto familiar y social es el único motivo que anima al régimen. Es oponer el uno al otro, a hermanos, a connacionales, a copartidarios, transformándoles en agentes de la traición y la deslealtad. Y lo ha logrado.

Es lo que se aprecia en el comportamiento de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Freddy Bernal, Néstor Reverol, quienes celebran su acción terrorista intencional. Se lavan las manos con la sangre de los caídos y hasta le prohíben el llanto fúnebre a los deudos, para que aumente el odio. Hacen burla y se mofan de aquellas para exacerbación de lo orgiástico en sus sicarios, sus colectivos y militares más ruines.

Atrás queda hasta el tinte del terrorismo antiguo, el de los zelotes o los sicarii, previos a la edad cristiana, ejercido para atemorizar a los romanos o usando la sica – de allí el puñal que da origen al sicario – para castigar en público y con sorpresa, en la plaza pública, a los colaboracionistas. Maduro y los suyos pueden mirarse hoy en el espejo del absurdo, de la tragedia que tiene como protagonista al paisano de los Tarek, Jalifa Belgasin Haftar, comandante de las fuerzas armadas libias. Situado en la acera de enfrente de los yihadistas después de ser el colaborador sanguinario de Muamar Al Gadafi, el pasado julio ejecuta sin juicio a 18 de éstos, puestos de rodillas, filmados como para expandir más el caos que hoy se engulle a esa nación.

Es esta la herencia de la revolución roja bolivariana, que comienza con su Masacre de Miraflores o de El Silencio, sus 20 asesinatos y 100 heridos, en 2001; a la que siguen los diálogos de Jimmy Carter, cuyas resultas busca impedir Chávez con la otra Masacre de Febrero – la primera, la del 27, en 2004 – con 12 muertos y otro centenar más de heridos, y 400 detenidos. Al término, burlados por éste los comicios referendarios, en postura mesiánica como la que nutre al terrorismo, le dice al país con frases que copia de Víctor Hugo: “No me creo con el derecho a matar un hombre, pero me siento en el deber de exterminar el mal”. El mal absoluto ve como mal al bien de la vida. Así de simple.

Me pregunto, en esta hora agonal, si ocurrida la Masacre de febrero de 2014, asesinados más de 120 jóvenes en 2017, vista la purulenta acción cobarde terrorista de El Junquito, ¿seguirán afirmando los jefes de nuestras franquicias partidarias que “o dialogamos o vamos a la guerra”? Ese maniqueísmo sin solución es la muestra de que ha muerto la política, algo más complejo. ¿Creen aún que negocian con políticos, o son tontos útiles del terrorismo?

El grito de los libertadores

Mientras el Centro de Investigación InSight Crime calificó a Venezuela como el país “más homicida de América Latina”, Cáritas estima que 280 mil niños podrían morir por desnutrición. La revolución roja rojita avanza a paso de campeones y somos una potencia en cadáveres. Gonzalo Himiob denunció que han habido más de 7.000 ajusticiamientos extrajudiciales bajo el chavismo. Las masacres de Tumeremo, Barlovento y ahora en El Junquito demuestran claramente que aquí no hay derecho a la vida, ni constitución que valga, ni fiscal ni defensor del pueblo. Venezuela es récord en fusilamientos con tiros en la cabeza porque las violaciones a los derechos humanos es una política de Estado. ¡Descansen en paz!, a todos los héroes que han recibido PATRIA.

Venezuela en la cuarta fue conocida como la Suiza de América, pero gracias al chavismo ahora somos más pobres que Haití y con tantas muertes de hambre como en Somalia. Durante 2017 fallecieron semanalmente casi 6 niños por falta de alimentación y al menos 33% de la población infantil presentan daños irreversibles. La masacre ocurre cada día en Venezuela cuando hay ciudadanos muriendo por escasez de comida o por falta de medicinas; sin duda la culpa la tiene la dictadura genocida que no atiende el deber más sagrado de cualquier gobierno: ¡garantizar el derecho a la vida! Para resolver esto, aunque usted no lo crea, los líderes políticos dijeron que están dispuestos a ir a las primarias presidenciales. ¿Con qué culo se sienta la cucaracha? Vamos a suponer que esto es un paso necesario para tener una ruta de lucha y no de acomodo; no se puede llamar líder a un político que vive “agachao”, mientras su pueblo lucha y muere cada día en las calles.

El régimen tuvo que utilizar 500 hombres, 15 granadas y 20 cohetes para abatir a un hombre que por todos los medios dijo que se entregaba y pidio la presencia de fiscales, medios, etc. Peor aún, el foro Penal denuncia que seis de los 7 ajusticiados fueron asesinados con un tiro en la cabeza. ¿cómo se justifica semejante masacre? ¿como pudieron asesinar a una mujer embarazada indefensa? ¿por que demolieron su vivienda? Óscar dijo “estamos negociando… No queremos hacer frente a los funcionarios”, pero al régimen le importo un cipote respetar la vida de los venezolanos y prefirieron masacrarlos para que jamás hablaran. Ahora está en todos nosotros que su voz jamás se apague.

En el operativo contra Óscar Pérez no solo se ignoraron normas constitucionales, sino varios tratados internacionales: el Derecho Humanitario Internacional, se violó la Convención Americana de Derechos Humanos, los cuatro convenios de Ginebra, los Principios Básicos de Naciones Unidas sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego por parte de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, etc. ¡Fue una masacre, con ensañamiento, con maldad, con CHAVISMO! Así mismo el régimen nos masacra en las protestas y esto ya es inadmisible, insoportable, imperdonable. ¡YA BASTA!

Bassil, Redman, Génesis, Mónica, Geraldine, Daniel, Pernalete, Jairo, Neomar, Calderón, Diego, Paúl, etc, etc, son tantos, demasiados, los héroes que ahora son mártires ... y solo querían una mejor Venezuela. Aunque el régimen intentó callarlos, sus voces nos retumban en cada estómago vacío, en cada enfermo sufriendo, en cada desterrado. Todos los héroes gritan al unísono el mensaje que Óscar Pérez nos dejo: “le quiero pedir a Venezuela que no desfallezca, que luche, que salgan a las calles, ya es hora de que seamos libres y solo ustedes tienen el poder ahora y los amo con toda el alma y con todo el Corazón”.

El grito de los muertos debe vivir en cada uno de nosotros... no podemos permitir que su vida haya sido en vano, ni que su lucha sea un desperdicio, ni que su muerte caiga en el olvido. Con tantos libertadores que han salido a las calles por el resto de los venezolanos con el fuerte mensaje de “la lucha de unos pocos, vale por la libertad de muchos”. Ahora es la hora de cambiar la apatía: la lucha de todos, vale nuestra libertad, todos juntos, somos uno.

Se debería hacer una procesión por todos los masacrados, debería ser un día que toda Venezuela salga a las calles... hay que enterrar la dictadura de una vez por todas. ¡Larga vida a Óscar Pérez, muerte al chavismo! Como dice el Obispo Ovidio Perez Morales a toda Venezuela: “¡Despierta y reacciona!, es el momento”.


Es el grito de los libertadores, de los jóvenes próceres que están luchando por nuestra independencia del yugo castrista, un grito que sale del alma, es el grito de los héroes muertos: “Venezuela, los necesitamos,... por favor salgan”. ¡Calle y lucha!

jueves, 18 de enero de 2018

Es el apice del iceberg

Decía el brillante novelista alemán Goethe que “el cobarde sólo amenaza cuando está a salvo”.

El desenlace que ha tenido el caso del piloto Oscar Pérez nos revela a los venezolanos hasta dónde está dispuesto a llegar este régimen dictatorial para mantenerse en el poder. Le dice al mundo que para estos siniestros personajes que han secuestrado a Venezuela, no existen límites éticos o legales.
Que quien piense distinto o actúe diferente a como se ordena desde el poder, está condenado a priori.

Es un régimen que pretende sembrar el terror en un país geopolíticamente clave del hemisferio occidental en pleno Siglo XXI. Insólito.

A veces las formas nos distorsionan el fondo. No nos permiten ver la esencia de las cosas. Nos hacen perder las perspectivas. Oscar Pérez tuvo sus formas. Mucha gente lo juzgó en base a ellas. Mucha gente no creyó en sus acciones. Mucha gente lo asumió como una nueva maniobra de este régimen perverso.

Es comprensible. Nos han acostumbrado a no creer en nada ni en nadie.

Pero lo que va apareciendo es que el fondo de la lucha de Oscar Pérez no difiere del de la mayoría de los que nos oponemos a que la pesadilla venezolana continúe. La ejecución criminal en vivo, de Oscar Pérez y su grupo, constatablemente dispuestos a rendirse, nos da una idea de hasta donde está inclinado este régimen a jugar este juego. Ya sabíamos que eran capaces de mucho. Pero lo de ahora nos habla acerca de la profunda maldad que los envuelve. Y también el profundo miedo a no “quedar a salvo”, como decía Goethe. La manifiesta cobardía.

Adicionalmente, este terrible acontecimiento nos permite aclarar lo que ya sospechábamos: que casos como los de los crímenes de Danilo Anderson, Robert Serra, Otayza y otros, tanto de su lado como del nuestro, están lejos de ser casualidades.

Que los 140 asesinados vilmente en las manifestaciones del 2017 no fueron producto solamente de simples decisiones unipersonales de quienes las cometieron, sino de una política de Estado.

Que el régimen venezolano se apoya en grupos del hampa organizada para ejecutar acciones en contra de la disidencia política.

Este caso, sumado a las graves amenazas de Maduro a obispos venezolanos por expresar pública y valientemente verdades inocultables, obliga a revisar el tablero en términos de derechos humanos.

Específicamente, sería impensable que no tuviera incidencia en la reunión de la mesa de negociación de este 18 de Enero.

En Venezuela está en marcha una política de exterminio.

Exterminio hacia quien no se arrodille ante este régimen. Exterminio de instituciones. Exterminio de empresas privadas. Exterminio por hambre. Exterminio por enfermedades. Exterminio de ideas. Exterminio de valores. Esto no es mas que el apice del iceberg.

Me pregunto ¿Tendremos el coraje de apartar el miedo y seguir adelante?

Masacre en el Junquito

Contra Óscar Pérez el régimen cometió un asesinato. Violó el derecho humano fundamental: el derecho a la vida.La responsabilidad básica del crimen la asumió Nicolás Maduro, con el fin de quitarles el protagonismo de la operación a Diosdado Cabello y a Freddy Bernal, quienes al comenzar a circular las primeras informaciones de lo que ocurría en El Junquito, se mostraron como los artífices del ataque. De nuevo Maduro pone a Cabello en el lugar subordinado donde quiere mantenerlo.

La reacción del gobierno fue confusa al comienzo y cínica luego. Al principio parecía que no se hubiese enterado de la existencia de internet, de los teléfonos inteligentes y de las distintas redes que han convertido a los usuarios en reporteros y protagonistas de la noticia. Pérez fue describiendo a lo largo del asedio cómo la policía los atacaba, sin tomar en cuenta los llamados del grupo para deponer las armas y entregarse. Las primeras versiones del gobierno apuntaron a señalar que Pérez se había negado a negociar abriendo fuego contra los agentes que le habían propuesto rendirse. Cuando la patraña se hizo insostenible debido a la amplia difusión alcanzada por los videos grabados por Pérez, optaron por adoptar una estrategia más agresiva. Los voceros del régimen pasaron a hablar de la “célula terrorista” descubierta y desmantelada por la revolución en defensa de las legítimas instituciones de la República. Más tarde, como había que implicar a la MUD de cualquier manera, Néstor Reverol señaló que la ubicación del grupo había salido de una delación del equipo negociador que asiste a Dominicana. Calumniador y desvergonzado, el hombre. Ni siquiera tuvo el gesto de darles los créditos a los cuerpos de inteligencia del Estado.

Maduro, repito, asumió la responsabilidad de haber ordenado la matanza. El heredero de Hugo Chávez decidió aplicar la pena de muerte aunque la aventura de Óscar Pérez se encontraba a años luz del delito perpetrado por los conjurados del 4-F, cuyo jefe más visible fue el mentor del actual Presidente.

 La democracia se comportó frente a los conjurados de aquella fecha con una benevolencia que hoy luce ingenua. A los alzados se les respetaron todos sus derechos y se le agregaron otros no contemplados en ningún código, a pesar de haber provocado la muerte de varias centenas de jóvenes soldados, quienes siguieron las órdenes de sus irresponsables comandantes. En cambio a Pérez y sus acompañantes se les masacró sin contemplaciones de ningún género. La Constitución, tan maltratada por sus redactores, fue de nuevo violada, esta vez acompañada de sangre. Maduro, el responsable, pretende enjuiciar a los obispos de Barquisimeto y San Felipe, quienes con sus homilías del fin de semana pasado no hirieron a nadie, solo lastimaron la sensible piel del gobernante. ¡Qué desproporción!


Al sitio donde estaba ejecutándose la labor de exterminio no dejaron entrar ningún periodista, ni se encontraba presente ningún fiscal del Ministerio Público o de la Defensoría del Pueblo, pero sí se hallaban grupos civiles paramilitares. Al parecer el Fiscal y el Defensor tenían algo más importante que hacer ese día, por eso se desentendieron de resguardar la vida de unos venezolanos sitiados y condenados a muerte por los organismos de seguridad. Tarek William, por cierto, se ufana de ser uno de los redactores del extenso capítulo de la Carta Magna dedicado a la protección de los derechos humanos. Parece que su sometimiento total a los designios de Maduro le hizo perder la memoria, y la lengua, porque hasta ahora no ha dicho ni pío sobre el acribillamiento. El colectivo “Tres raíces”, cuyo jefe era Henker Vásquez, actuó en coordinación con los cuerpos policiales. Esta acción se encuentra totalmente fuera de la ley. El uso de la violencia y las armas está exclusivamente reservado a los órganos competentes del Estado. El operativo mostró la asociación entre grupos irregulares civiles y policías. Ya no se saben dónde están las fronteras entre unos y otros. Esta es una de las características de los Estados forajidos. El silencio cómplice de la FAN es escandaloso.

El crimen de El Junquito forma una pieza más del expediente que se le levanta a Maduro. Su costo político puede ser elevado. En el plano internacional, la condena ha sido unánime. Hasta los defensores del régimen han tenido la decencia de guardar un discreto silencio. Human Right Watch y la Unión Europea lo repudiaron de forma terminante. Ahora, cuando el régimen busca auxilio financiero internacional y se desarrolla el ciclo de negociaciones en República Dominicana, esa operación de exterminio alertó de nuevo a una comunidad que proscribe cada vez más a Maduro.

El mandatario con su decisión le envió un mensaje claro a toda la oposición: será aplastada si se opone a la hegemonía madurista. En contrapartida, sin proponérselo, sentó las bases de un mito. Óscar Pérez, a pesar de haberse equivocado en sus métodos, se convertirá en un símbolo de valentía y resistencia. Y a los valientes, con un programa y una estrategia, queda un duro camino por transitar, pero me pregunto " Estamos dispuestos los Venezolanos a transitarlo?"