domingo, 16 de marzo de 2014

La solidaridad de los países!!!!!



Los gobiernos latinoamericanos y caribeños se mueven entre la solidaridad con Maduro, los tímidos llamados al diálogo y el temor a perder beneficios y acreencias o a ganarse un conflicto. Mientras Venezuela se acerca al precipicio, la llamada comunidad internacional se muestra impotente.


Estados Unidos amenaza con sanciones que, en vez de aportar soluciones, complican más las cosas. Aunque el Parlamento Europeo pidió el cese de la represión y la violencia en Venezuela, la Unión parece inhibida por los errores que se cometieron con Cuba y por experiencias tan calamitosas como las de Afganistán, Irak, Libia o Siria. La injerencia –unilateral en unos casos o humanitaria en otros– solo ha conducido a más caos y violencia. China y Rusia prefieren callar para preservar sus intereses.

Embarcados en búsquedas políticas opuestas, los gobiernos latinoamericanos y caribeños se mueven entre la solidaridad con Maduro, los tímidos llamados al diálogo y el temor a perder beneficios y acreencias o a ganarse un conflicto.

Gobiernos del Alba dan su apoyo a Maduro. Sin embargo, de los otro ocho miembros, en el aniversario de la muerte de Chávez solo estuvieron tres presidentes: Castro, Evo y Ortega; y de los 16 asociados a Petrocaribe, a más de los de Cuba y Nicaragua, llegaron los mandatarios de Jamaica y Surinam. Piñera y Santos llamaron al diálogo, expresaron sus deseos de paz para los venezolanos y recibieron a cambio duras recriminaciones de Maduro. Panamá solicitó una reunión de la OEA, y Maduro rompió relaciones con el istmo y amenazó con no atender la deuda.

Brasil –que, por su peso, debería jugar un papel central– se mueve entre su desinterés por el continente, las ambigüedades de sus dirigentes y sus intereses económicos en Venezuela. Finalmente, ante la persistencia de las protestas, han llamado al diálogo Dilma, el presidente del Partido de los Trabajadores y Lula, en carta que Maduro calificó de “amorosa”.

Los organismos internacionales no se comportan mejor. En el 2002, la OEA y el Centro Carter mediaron en la crisis venezolana, pero ahora se muestran cautelosos. Finalmente, el 7 de marzo pasado, el Consejo Permanente de la OEA expidió una declaración de respaldo a la institucionalidad, el diálogo y la paz, que –al no haber convocado a los cancilleres ni enviado una comisión que examinara la crisis–, fue saludada por Maduro como “una gran victoria”.

Distintas instancias de la ONU (Secretario General, Alta Comisionada de Derechos Humanos, relatores sobre derecho a la asociación y libertad de expresión), desde la distancia, piden al gobierno venezolano garantías para las manifestaciones y atención a las demandas de quienes protestan. Por su parte, la Celac y la Unasur se limitan a cumplir su función de foros destinados a garantizar el respeto recíproco y la convivencia intergubernamental como condición para la paz regional.

Con su silencio, los miembros de la Celac dan la impresión de encontrarse satisfechos con la complaciente aprobación mutua. Unasur recibió en el 2013 el mandato de ayudar a que las dos mitades de Venezuela se escucharan luego de la reñida elección presidencial. Pero la auditoría de las votaciones y la investigación de la violencia del 15 de abril, con las que se comprometió, no fueron atendidas. En febrero pasado hizo un llamado al diálogo, que el canciller Jaua trasformó en respaldo al gobierno. Unasur acaba de acoger la propuesta de Maduro de enviar a su país una comisión de cancilleres. Ojalá que esta vez haga una contribución eficaz.

La compleja transición mundial y la consiguiente incertidumbre de todos los poderes los han sumido en la impotencia. Frente al abuso de los gobernantes o a los métodos violentos de ciertas corrientes de oposición, a los pueblos solo les queda el recurso a la movilización y el apoyo de sectores democráticos, medios de comunicación y redes sociales. No es suficiente, pero, por fortuna aun nos queda eso.... #DefiendeLoBueno

sábado, 15 de marzo de 2014

Un mes de protestas!!!!



El 12 de marzo se cumplió el primer mes de las protestas estudiantiles en todo el país, que hasta ahora arrojan un saldo de 24 muertos a manos de los grupos paramilitares afectos al régimen que actúan bajo la protección de los organismos regulares de seguridad del Estado. Además, hay decenas de desaparecidos y cientos de detenidos.


Los sucesos en La Isabelica, Valencia, revisten particular gravedad. La actuación de los colectivos del gobierno cobró tres muertes, incluyendo a una niña de 6 años y a un capitán de la GNB, y más de veinte heridos de bala.

El estado Táchira se encuentra tomado por el ejército y es poca la información que sale de él, pero se sabe que la FAN arremetió contra la población de Rubio. Entre tanto en Barquisimeto, grupos armados con la GNB y PNB persiguieron a estudiantes al interior de la UCLA, violando la autonomía universitaria, causando destrozos e incendio de las instalaciones.

Por otro lado en Caracas, los estudiantes fueron atacados y perseguidos dentro de la ciudad universitaria por la fuerza pública, en otra violación de la autonomía. También hubo protestas en Plaza Altamira en donde sucedió algo curioso: Nicolás Maduro denunció el supuesto ataque a la Torre Británica por parte de los manifestantes casi una hora antes de que el mismo tuviera lugar, lo que hace pensar que fue una maniobra orquestada por el régimen.


Es evidente que ante su total deterioro la dictadura decidió refugiarse en la fuerza bruta para cuya aplicación no tendrá límites. Abandonar el poder significaría condenas penales por los distintos delitos cometidos, incluyendo los de lesa humanidad, y la pérdida de las fortunas mal habidas.


A pesar de todo esto es ahora cuando Maracaibo a dicho presente y a tomado las calles y esta dispuesto a todo, tal como están los andinos (Gochos), y ya se ven  las tanquetas saliendo arreprimir al pueblo

Pero sin duda, hasta los momentos, el gran perdedor es el régimen, que sin lugar a equívocos se muestra ante el mundo como una dictadura asesina de las más sanguinarias.

jueves, 6 de marzo de 2014

La libertad no se negocia. "Es Un Derecho"


La libertad no se negocia. "Es Un Derecho" No es un traje que se prepara a la medida, ni un regalo que los gobiernos puedan entregar y retirar según consideren necesarios. La libertad es el ímpetu desencadenado de los hombres que construyen su propio futuro personal y colectivo con la esperanza de un destino mejor. Es una búsqueda insaciable por todos los medios que rompe con paradigmas y alcanza utopías. Sin embargo, no es un camino sencillo y, así como aseguraba Goethe: “sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día”.

Los venezolanos quieren volver a ser dignos de la libertad. Tras más de una década bajo el férreo control de un régimen autoritario, la población se ha levantado para exigir que cesen las cadenas de la opresión, los azotes de la crisis económica y las ejecuciones en mano de la delincuencia. El país exige un cambio sin prórrogas. El Gobierno ha contado con más recursos y tiempo que sus antecesores, pero el único fruto de sus políticas ha sido: división social, inseguridad, impunidad, inflación de dos dígitos, escasez y esta democracia agónica que se tambalea entre lacrimógenas y perdigones.

Rehusar la idea de la opresión a la que está siendo sometida la población venezolana es darle un escudo al Gobierno. Una vez más, el dramaturgo y poeta alemán Goethe nos advierte que “nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo”. Una afirmación que pone en evidencia que, mientras algunos venezolanos niegan la falta de libertad, los representantes del Gobierno aprietan los grilletes a través de más estrictas medidas de control cambiario, violentas represiones a los manifestantes, burlas de los ciudadanos torturados y ataques a cualquier figura nacional o internacional que alza la voz en pro de los manifestantes y el rescate de sus derechos.

Esperar conquistar en sólo unas semanas un bien tan preciado para la humanidad, como lo es la libertad, sería una necedad. Un ejemplo reciente se puede observar en Ucrania. Lo que la población logró conquistar en la calle con su esfuerzo, organización y pasión, ahora el ejército de Rusia quiere quitárselo por “defender los intereses del pueblo ruso”. ¿Acaso los intereses extranjeros tienen más peso que la libertad? Al parecer, eso es lo que piensa Nicolás Maduro, quien, sólo unos días atrás, aseguró que el presidente ruso Vladimir Putin respalda al Gobierno. Un mensaje que llega tras un mes de protestas y, justamente, cuando “casualmente” el ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, cerraba unos pactos multimillonarios en Moscú.

De poco sirve que el ministro para las Relaciones Exteriores, Elías Jaua, indique frente a los representantes internacionales de los DDHH ante la ONU que “los problemas que tenemos, los podemos resolver entre venezolanos”, cuando el Gobierno ha sido, durante años, el principal promotor de la intervención internacional en las políticas internas a través de los mandatarios de Cuba y Rusia. Lo que quizás haya sucedido es que, al ver la respuesta de Estados Unidos y Europa en el caso de Ucrania y escuchar los fuertes pronunciamientos internacionales contra Venezuela, Jaua ha recordado el proverbio que reza: “cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”.


Indiferentemente del panorama internacional, los venezolanos han comenzado una gran travesía que, si bien está llena de obstáculos y sombras, conlleva a un premio invaluable como el que Don Quijote describía a su fiel escudero: “la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

Los venezolanos debemos entonces seguir luchando hasta que los únicos lazos que aten sus manos sean los de la libertad.